martes, 27 de diciembre de 2016

Entrevista a Martín Zariello:“Escribí sobre Charly como si estuviera escribiendo sobre Salinger o Dios”


Nando Varela Pagliaro.

Martín Zariello lo hizo de nuevo. El hombre detrás del memorable blog il Corvino, acaba de publicar su tercer libro de ensayos. Esta vez no se trata de una compilación de sus “post” musicales, literarios o futboleros, como en Sobre el rock o En realidad quería hablar de otra cosa, sino de un ensayo que se centra en Yendo de la cama al living, el disco con el que Charly García inauguró su carrera solista. A través de nueve textos - uno por cada canción del disco más el bonus track de Pubis angelical- Zariello analiza la obra de Charly, pero fiel a su estilo, además siempre termina hablando de otra cosa: cine, literatura, pintura y claro, mucha música. Esas digresiones hacen de No bombardeen Barrio Norte  un libro imprescindible para entender al genio que compuso gran parte de la banda de sonido de nuestras vidas.

-En el libro decís que sos de los fanáticos de Charly que le hicieron el aguante durante la era Say No More. Sin embargo,  a la hora de elegir un disco sobre el cual escribir, elegiste Yendo de la cama al living, ¿con qué tuvo que ver la elección?

-Un poco con una decisión conjunta con el editor Horacio Roque Di Pietro y otro poco porque Yendo de la cama al living me servía, a través de las versiones en vivo de sus temas, para analizar el devenir de la carrera de Charly. Además, como es un disco de transición, en el que se nota el Charly pasado de las bandas y el Charly futuro solista, me sirvió para recorrer toda la obra de Charly. Mi intención no fue escribir sólo sobre Yendo sino también sobre Charly en general (siempre con el deseo de puntualizar en su música, en sus canciones y en las partes de su vida que sirven para entender su obra).

-¿Sabés si le llegó el libro le llegó a Charly? ¿Te interesaría tener una devolución de él?

-El editor se lo alcanzó a un allegado de él y otros fans de Charly me escribieron para preguntarme si se lo podían hacer llegar. No es que no me interese una devolución de Charly, es que me parecería un poco pretencioso de mi parte, yo escribí sobre Charly como si estuviera escribiendo sobre Salinger o Dios, si hubiese pensado que lo podía leer no habría podido escribir ni medio renglón. Creo que son proyecciones que te bloquean.

-En este país en el que nos especializamos en generar rivalidades, pensar en Charly, de alguna manera, también es pensar en Spinetta.  A la hora de valorar la obra de ambos, ¿de qué modo creés que influye su imagen?

-Yo creo que la rivalidad entre Charly y Spinetta, en ciertos términos, es productiva para pensar el rock argentino. No cuando se cree que una estética anula a la otra, pero sinceramente pienso que eso lo instaló el sector más ortodoxo de los spinetteanos. Recordemos que los spinetteanos silbaron a Charly cuando a mediados de los 80 Spinetta lo invitó a la presentación en uno de sus discos. En cambio, cuando Charly presentó a Spinetta fue ovacionado. Esto todavía se puede ver en comentarios de YouTube donde fans de Spinetta bardean a Charly. El fan de Charly, en cambio,respeta a Spinetta incluso sin conocer en profundidad su obra. Igual, eso también me parece interesante. 

-Y en el caso de Nebbia, ¿cómo incide su bajo perfil?

-Nebbia tiene un perfil bajo a nivel mediático, pero a nivel musical, que es lo único que a él le interesa, tiene un perfil altísimo: graba discos todo el tiempo, produce, tiene su sello y lo mejor, como si fuera un músico brasilero o uruguayo, se junta con otros colegas (Calamaro, Leo García, Pez; antes Rubén Rada, Facundo Cabral, los Fattoruso) para seguir generando canciones. Nebbia es un gigante, no sólo debemos apreciarlo por sus discos geniales sino también por su ética y su nobleza.

-Cuando se habla de los grandes poetas del rock nacional, casi siempre se menciona a Spinetta, Miguel Abuelo o al Indio Solari, ¿Por qué pensás que hay cierto ninguneo con el charly letrista?

-Porque Charly no es un poeta y creo que nunca pretendió serlo, simplemente es un excelente letrista de rock. Spinetta, Abuelo o el Indio, en cambio, tienen una pretensión ligada a lo verbal, a la sonoridad, a incluir en sus letras palabras que están por fuera del lenguaje coloquial. Charly es todo lo contrario: empatía, identificación, visceralidad, ternura. Yo ya no sé si estoy muy de acuerdo con la idea de que un letrista de rock es bueno sólo si es “poético”, creo que las letras de rock deberían justificarse por su propio peso específico.

-"Si grita pidiendo verdad en lugar de auxilio, si se compromete con un coraje que no está seguro de poseer, si se pone de pie para señalar algo que está mal pero no pide sangre para remediarlo, entonces es rock and roll", esa cita de Pete Townshend , líder de The Who fue incluida por Charly en Yendo de la cama al living. ¿Hoy quedan rockeros a la altura de esos postulados?
-Escribiendo el libro me topé con una nota de la Expreso Imaginario donde Rosso introducía ese texto por primera vez en el medio del rock argentino y ya aclaraba que si se tomaba la frase al pie de la letra muy pocos músicos estaban a la altura. Creo lo mismo. Me parece una versión idealizada del rock, pero no por eso menos conmovedora. Funciona en términos simbólicos.

-Martín Rodríguez  en Orden y progresismo plantea que el kirchnerismo “en su lucha contra las corporaciones, adujo una suerte de contracultura oficial en la que atrapó el capital simbólico de los artistas” y de alguna manera terminó matando al rock. En este nuevo contexto, ¿pensás que el rock va a volver a levantar la bandera de la contracultura o los rockeros ya están demasiado cómodos para salir de su torre de marfil?

-Estoy de acuerdo con Martín Rodríguez, pero creo que si no lo hacía el kirchnerismo, lo iba a hacer otro espacio político. Incluso el encuentro de Charly con Menem o los recitales Buenos Aires Vivo organizados por “Lo-pérfido” en la época de la Alianza pueden ser entendidos como precursores de esa otra alianza, acaso inesperada, entre rock y política. Me parece que sería pedirle mucho al rock que levante las banderas de la contracultura cuando ya nadie sabe dónde está la contracultura. Yo me conformo con que los pibes hagan buenas canciones, como las que hacen Juan Irio, los chicos de Peces Raros, Valentín y los volcanes, Telescopios, La Perla Irregular y tantas otras bandas que actualmente la rompen y son invisibles para los grandes medios. 

Publicada originalmente en Revista Polvo, diciembre 2016. 


La ambición hecha pelota


Nando Varela Pagliaro

En el deporte, como en muchos otros ámbitos, la ambición también ocupa un lugar central no sólo en la mente de los deportistas, sino en la de los padres que muchas veces subliman sus frustraciones en el éxito de sus hijos. Los moldean para ganar, los convierten en máquinas capaces de realizar todo lo que ellos no pudieron; los condenan, antes de que siquiera puedan elegir, a ser los mejores. De esto, entre otras cosas, habla Andre Agassi en Open. En las casi 500 páginas de esta obra extraordinaria, el tenista estadounidense se desnuda completamente. Nos muestra sus huesos, sus dolores, sus miedos, sus miserias, sus victorias, pero sobre todo sus derrotas, sus ganas de entenderse, de saber quién es, qué quiere y por qué le dedicó su vida a un deporte que odia.  Ya desde las primeras páginas lo confiesa: “Odio el tenis, lo detesto con una oscura y secreta pasión y sin embargo sigo jugando porque no tengo alternativa. Y ese abismo, esa contradicción entre lo hago y lo que quiero hacer y lo que de hecho hago, es la esencia de mi vida”. Esta confesión temprana nos hace inferir que no estamos ante la típica biografía de un deportista exitoso; todo lo contrario. Estamos ante un hombre que terminó cumpliendo un mandato paterno, un sueño ajeno. Mike Agassi, un iracundo inmigrante iraní, ex representante olímpico de box, determinó que uno de sus cuatro hijos sería número uno en el tenis y el elegido fue Andre. Durante su infancia lo martirizó con “el dragón”, una máquina lanzapelotas que construyó con sus propias manos. “Negro como la noche, montado sobre unas grandes ruedas de goma y con la palabra Prince pintada en letras de imprenta blancas sobre la base, el dragón, a primera vista, se parece a todas las máquinas lanzapelotas de todos los clubes, pero es, en realidad, un ser vivo que respira, recién salido de uno de mis cómics. El dragón tiene cerebro, voluntad propia, un corazón negro y una voz espantosa”.  El temido dragón escupía en la cara de Andre pelotas que alcanzaban los 180 kilómetros por hora. Su padre lo obligaba a pasar 2.500 pelotas por día, 17.500 por semana,  casi un millón por año. “Los números no engañan. Un niño que devuelva un millón de pelotas al año será invencible”, le decía Mike a Andre para incentivarlo.
En tiempos en que los padres solo quieren que sus hijos sean felices, la exigencia a la que Andre fue expuesto nos hace pensar qué tipo de educación es más apropiada para desarrollar el talento de un pequeño genio. ¿Vale la pena someter a un niño a un régimen tan estricto? ¿Cuál es el precio que se paga por no tener infancia? Lo cierto es que la tiranía paterna es la que acaba marcando el destino de muchos chicos talentosos. “Mi padre me convirtió en un boxeador con raqueta de tenis. Siento amor por él y además de complacerlo, no quiero disgustarlo. No me atrevo. Cuando mi padre se enfada ocurren cosas malas. Si él dice que voy a jugar al tenis, si dice que voy a ser el número uno, ése es mi destino, y yo no puedo hacer más que asentir y obedecer. Y le aconsejaría a Jimmy Connors o a cualquier otra persona que hiciera lo mismo que yo”, confiesa Andre.
Al comienzo de Open, Agassi incluye una cita de Vincent Van Gogh en la que el pintor se pregunta: ¿qué es lo que nos libera de la cautividad? Su respuesta es el amor, “eso es lo que abre las puertas de la cárcel gracias a un poder supremo, a una fuerza mágica”. Ahora, ¿qué lugar ocupa la ambición para que alguien que dice odiar un deporte nunca se atreva a dejarlo? ¿Es solo por amor hacia el padre que no se atreve? ¿Por temor a defraudarlo? ¿o es la propia ambición la que lo convierte en número uno del mundo? Difícil saberlo.
Lo que sí se puede decir es que además de la jugosa vida del tenista estadounidense, lo que termina de hacer que Open sea un libro hipnotizante es la calidad de la prosa con que está escrito. El responsable de llevar a cabo esa tarea fue el Pulitzer  J.R. Moehringer. El periodista trabajó junto a Agassi durante tres años y desgrabó más de 250 horas de conversaciones. Hay que agradecerle a él que en ningún momento coloque su pluma por encima del hombre que se desnuda. De hecho, muchos tramos del libro son transcripciones fidedignas y textuales. Se podría decir que en Open,  Agassi nos revela centenares de anécdotas íntimas y datos de color. Nos cuenta por ejemplo que durante su primera final de Roland Garros estaba más preocupado porque no se le volara el peluquín que por el partido o que  en 1997 consumió metanfetaminas y le mintió a la ATP para no ser sancionado. Pero lo que hace de  Open un libro imprescindible  es que a través de sus páginas nos invita a pensar y a entender qué hay en la cabeza de estos héroes contemporáneos que vemos a través de la pantalla.
  


La ambición muchas veces es vivida por el sujeto como una fuerza que lo empuja hacia un destino al que nunca se arriba. Sin embargo, la ambición colectiva, es uno de los componentes fundamentales para lograr las metas que se impone un equipo. Es frecuente escuchar a jugadores de fútbol que declaren a la salida del vestuario que “los ilusiona ir primeros porque son un grupo muy ambicioso”. Si nos remitimos a las conquistas grupales, tal vez no exista en nuestra historia deportiva un hito mayor que el Mundial de México ´86. 
Conmemorando los treinta años de este acontecimiento que Maradona comandó en tierras aztecas, aparecieron dos libros muy especiales. El primero bajo el título Mi mundial, mi verdad, lleva la firma del propio Diego Maradona; el segundo, se ciñe sólo al mítico partido entre Inglaterra y Argentina, se titula precisamente El partido y su autor es el periodista Andrés Burgo.
Editado por Tusquets dentro de la colección Crónicas dirigida por Leila Guerriero, El Partido es una reconstrucción minuciosa del día en el que Diego Armando Maradona se transformó en un Dios incuestionable para gran parte del público futbolero.
Burgo toma como modelo Anatomía de un instante de Javier Cercas. Es decir, se vale de un episodio para relatar el mundo desde distintas perspectivas. Para hacerlo, investiga a fondo, va a las fuentes, derriba mitos, contrasta los testimonios de unos y otros y deja en el lector la posibilidad de construir su propia verdad. Hay tantas voces que la ausencia del testimonio de Maradona, ni se nota. Su pulso narrativo le da un dinamismo al relato que lo coloca en la línea del Nick Hornby de Fiebre en las gradas. Burgo reconstruye con exactitud el gol de la mano de Dios y el gol del siglo, el  de “la corrida memorable, en la jugada de todos los tiempos”, el que convirtió a Maradona en leyenda y a Víctor Hugo en el relator oficial de la leyenda. Como escribió Nicolás Cassese, hay que reconocer que “las palabras de Víctor Hugo conforman, junto con Héroes y el segundo gol de Diego, la santa trilogía de todo lo que estuvo bien en México”. "No es un gol, es una alquimia de fútbol, y es -también- como si un relámpago de eternidad cayera sobre el Azteca. El tiempo se acelera y, a la vez, se detiene: se vuelve mármol, se sella en bronce, se graba en la memoria de millones de personas alrededor del mundo y en ese instante empieza a ser, ya para siempre un instante eterno", escribe Burgo sobre la obra cumbre que ungió a Maradona como ser mitológico.
La historia deja en claro que fue Diego el principal motor del equipo. Sin embargo fue la ambición de un grupo la que coronó de éxito a una selección en la que nadie confiaba. Porque la ambición, como dice Susan Sontag, “se alimenta de todo, hasta de otras ambiciones”. 
Publicada originalmente en la revista Quid, octubre 2016.


lunes, 19 de diciembre de 2016

Entrevista a Ildefonso Falcones:"Estamos en la época de lo políticamente correcto"



Nando Varela Pagliaro

Diez años atrás, Ildefonso Falcones era un abogado de profesión, casado y padre de cuatro hijos. Ni en sus sueños más extraordinarios era capaz de imaginar lo que iba a suceder con la publicación de su primer libro. La catedral del mar -así se llamó su primera incursión literaria- fue un éxito editorial descomunal. A la fecha, lleva más de seis millones de ejemplares vendidos y fue traducida a más de quince idiomas. Luego de otras dos novelas, La mano de Fátima (2009) y La reina descalza (2013),  el autor catalán retoma en Los Herederos de la tierra la historia del libro que cambió su vida.

-Su primer libro, La catedral del mar, es de 2006.  De algún modo, se podría decir que empezó a publicar relativamente tarde. Pero imagino que hasta que llegó esa primera publicación hubo un largo recorrido previo. ¿Cómo comienza su relación con la literatura?

-Yo he escrito siempre. Antes de La Catedral del mar tengo alguna novela que no me la quiso publicar nadie. Incluso, La Catedral del mar tampoco me la quiso publicar nadie durante tres años. Por lo tanto, escribo desde hace mucho, pero sí soy un escritor publicado tardíamente.

- ¿Tuvo contacto con los editores que no quisieron publicar La Catedral del mar una vez que el libro fue un éxito increíble de ventas?

-Claro que los he visto, pero no creo que tenga nada que ver. Tal vez si la publicaban ellos, no se vendía tanto. Una novela triunfa según las circunstancias, tienen que coincidir muchas cosas y uno nunca sabe cuáles.

 -Antes decía que empezó a publicar tardíamente, pero que siempre escribió. ¿Era su sueño poder vivir de la literatura o era un abogado feliz que en sus ratos libres se dedicaba a escribir?

-Creo que toda aquella persona que escribe y que siente pasión por la literatura sueña con poder dedicarse por completo a su escritura. Ser escritor es una profesión maravillosa y no es comparable a otras profesiones por bonitas que sean. Yo llevo treinta y cinco años como abogado y estoy francamente hastiado del Derecho.

-A los escritores se les suele preguntar cuánto piensan en los lectores a la hora de escribir un libro. En su caso, tiene seis millones de lectores en los que pensar.  ¿Eso fue una carga a la hora de sentarse a escribir o no lo tuvo en cuenta?

- No, no hay que tenerlo en cuenta. ¿Cuánto pienso en el lector? Mucho. Principalmente porque intento ofrecerle lo que a mí me gusta como lector, y creo que en eso coincido con el gusto del común de la gente. Vuelvo a insistir: es aventura, es divertirme, es entretenimiento sin más aspiraciones. Por lo tanto, en el momento en que escribo voy pensando en lo que a mí me gustaría, que creo que es además lo que le va a gustar a esos lectores.

-Tanto La catedral del mar como este libro son novelas históricas. En este tipo de género, que lleva tanto trabajo detrás, ¿qué parte del proceso de escritura es la que más disfruta?

-En  el proceso de escritura se disfruta al apagar el ordenador, porque es un trabajo solitario como cualquier otro. Incluso, más solitario que otros, en el cual estás muchas horas trabajando y muchas otras corrigiendo. Quizás haya escritores a los que les salga todo con mayor facilidad o con mayor inspiración, pero a mí me cuesta. Tengo que trabajar mucho y corregir mucho más, porque me exijo demasiado. Por lo tanto, la satisfacción llega cuando apago el ordenador o cuando la obra ya está escrita y el lector dice que le ha gustado: yo creo que esa es la gran satisfacción. 

- En este estilo de novelas, ¿qué lugar ocupa la ficción? ¿A veces termina estando encorsetada por los acontecimientos históricos?

- La ficción tiene el noventa por ciento de la novela, sin que ese diez por ciento histórico deje de ser importante. Lo interesante de la novela histórica, por lo menos desde donde yo la planteo, es la ficción, la historia solo acompaña. Lo importante es mostrar cómo los personajes se entremezclan con los sucesos históricos, viven esos sucesos y les influyen en sus vidas personales.  En Los herederos de la tierra hay tres sucesos históricos que son importantísimos. Uno es el ataque a la judería de Barcelona, en donde empieza un momento realmente dramático para los judíos en España y que culminará con la expulsión de 1492. Otro es el compromiso de Caspe, que implicó la llegada de un rey castellano a Cataluña, y el tercero es el sisma de la iglesia de Occidente con un  Papa aragonés que en ese momento siguió siendo el anti Papa. Esos tres momentos históricos hacen que la trama ficticia se entrelace con la historia. Eso es lo más difícil de conseguir, porque yo no varío la historia, sino que me ciño a ella, pero ya se sabe, la imaginación es infinita. Siempre se pueden encontrar tramas suficientes como para enlazar esos momentos históricos que quieres definir.

- Para escribir una buena novela histórica, ¿qué ingredientes no pueden faltar?

- Yo creo que una buena novela histórica debe ser veraz y fiel a los hechos históricos.  Después, al menos en mi caso, no puede faltar mucha aventura, algo que capte al lector desde la primera hoja, que lo enganche a la novela como para no querer soltarla. Para todo eso, hay que darle tensiones dramáticas que son lo que hace que el lector se interese por la novela.

-Su escritura, al menos en los cuatro libros que lleva publicados, va por el lado de la novela histórica, ¿sus lecturas también tienen que ver con el mismo género?

-No, leo de todo. Histórica, thriller, novela negra, aventuras, romántica. La verdad, leo todo tipo de novelas.

- Y de nuestro país, ¿hay algún escritor que lo haya influenciado?

- No, influenciar no. Yo siempre he vivido la Argentina a través de Mafalda. Me parece el personaje más maravilloso que se ha podido crear, no solo en la Argentina, sino a nivel mundial.

- Volvamos a la novela: en Herederos de la tierra, Barcelona ocupa un lugar central, ¿qué queda de esa ciudad que narra en el libro en la Barcelona actual?

-Aparte de algunos edificios, quedaba  -porque creo que está desapareciendo- un sentido mercantilista, una forma de entender el comercio muy importante, que viene de esas épocas. Quedaba también, que no sé si se está destruyendo con estos tipos de políticas, una visión global, una universalización de la ciudad, una creatividad magnífica.

-Decíamos recién que todo lo que lleva escrito hasta ahora está basado en sucesos históricos del pasado, ¿la actualidad no lo atrapa como para utilizarla de materia prima en sus novelas?

 - Me atrapa muchísimo la actualidad, pero yo escribo novela histórica. Estoy cómodo con la novela histórica y  la editorial y el público me piden que escriba novela histórica. Ir a contracorriente es un poco absurdo porque me funciona muy bien. Por otra parte, la trama de esta novela la puedes trasladar al siglo XXI, con algunos retoques y se sostendría igual solo que con otro ambiente y otro entorno. Desde ese punto de vista, las pasiones son universales y atemporales. Cambiar de registro, creo que sería una apuesta que, si sale mal, sería un desastre.

- Ya que hablamos de actualidad, después de 314 días de limbo político, Mariano Rajoy fue reelegido por el Congreso como presidente del gobierno español. ¿Cómo ve la actualidad en su país?

- La estoy viendo con preocupación porque se ve una tensión social que no debería existir. Los políticos siempre pueden discutir, pero se está trasladando esa tensión a las calles a través de movimientos populistas y eso no creo que sea pertinente. No debe ser así. La democracia está para ejercerla, la gente puede manifestarse, pero no hay que crear alarma o tensión social, sino todo lo contrario; hay que crear el clima suficiente como para que la sociedad pueda avanzar. Eso lo veo con bastante preocupación, amén de todos los problemas con los que nos estamos encontrando como la inmigración y los refugiados. Por lo visto, hasta ahora parece que somos incapaces de controlarlos y solventarlos.

- Y viniendo de un lugar como Cataluña, ¿qué opinión tiene de los movimientos separatistas?

- No estoy a favor de la independencia, me parece un error tremendo. Además, creo que Cataluña a nivel identitario ya casi es independiente. Se puede profundizar más, pero en todas aquellas cosas que definen al pueblo catalán como ser sus costumbres, lengua, legislación civil y tradición ya somos independientes y tenemos las competencias absolutas. Ahora se está buscando una independencia a nivel económico, pero yo creo que en la época de la globalización, de la universalización, en la época de las grandes industrias, el cerrarse y  pretender separar y romper lazos en lugar de crear más lazos, me parece un error estratégico tremendo. A mí no sé si me afectaría o no, supongo que sí, pero lo que no quiero es que afecte a mis hijos, porque creo que sería la ruina para la juventud de Cataluña. Quizás dentro de treinta o cuarenta años se podría empezar a levantar la cabeza, pero estratégicamente y desde el punto de vista del sentido común es un error absoluto.

- Me decía que le preocupa la tensión social que ve en su país. En ese contexto, ¿qué lugar ocupan los intelectuales?

- Estamos en un momento en que está venciendo el populismo, que es una doctrina que no tiene exclusivamente un medio para alcanzar algo, en este caso el poder. Tanto puede ser de izquierda como de derecha, como ateo o católico; vas saltando de un sitio al otro. Estamos en la época del pragmatismo, en la época de lo políticamente correcto; incluso al lenguaje lo estamos autolimitando para no entrar en lo políticamente incorrecto. Todo eso afecta al intelectual, porque un intelectual ante todo debe ser una persona libre, que pueda decir lo que piensa en todo momento, sin sufrir el insulto que en estas fechas está sufriendo por dar su opinión. Hoy a  cualquiera que se manifieste fuera de lo políticamente correcto, lo primero que le dicen es que es un fascista. Hemos llegado al punto en que dicen que Felipe González es un fascista.

- Hablábamos del éxito que tuvo La catedral del mar, y esta nueva novela sale con cuatrocientos mil ejemplares en la primera edición, una cifra impensada para cualquier libro actual. Hace muy poco, entrevisté a Guillermo Martínez, uno de los escritores que más vende en nuestro país y él me decía que el éxito a nivel literario es vivido como un pecado para el mundillo literario, ¿en España pasa lo mismo?

- Para cierto mundo intelectualoide o pretendidamente intelectualoide -unas especies de dioses literarios- sí. Pero es un movimiento sectario; creo que a fin de cuentas es una autodefensa. Si se permite ese éxito y hay gente que no lo tiene, mucha gente se está poniendo en evidencia. Entonces es mejor criticar al éxito y tratar de revestir el fracaso con una pátina de hechizo o magia intelectual, algo incomprendido,  pero que en el fondo es magnífico, cuando probablemente no lo sea.

-Es casi imposible que en el mercado literario actual, se vuelvan a vender  seis millones de ejemplares, ¿qué le gustaría que pasara con este libro?


-Más allá de los números, lo que me importa es que satisfaga a la gente, que el lector quede contento y se divierta con ella.

Publicada originalmente en la revista Quid, diciembre 2016.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Entrevista a Pedro Aznar: “Hay que dejar el alma en cada nota”


Nando Varela Pagliaro

Pedro Aznar creció en el barrio de Liniers. Durante su infancia, a muy pocas cuadras del Santuario de San Cayetano, todavía había algunas calles de tierra que en verano se llenaban de mariposas. En esas calles, Pedro podía pasarse horas jugando con sus amigos, pero cuando volvía a su casa siempre tenía un lugar muy privado: la música. Ese rincón era demasiado personal y casi nadie podía seguirlo hasta ahí. Era tal su fascinación que apenas tenía seis años cuando pidió que le regalaran el disco Revolver de los Beatles. A sus padres esa música les parecía ruido a tachos, pero igual le dieron el gusto. Era claro que a Pedro lo traspasaba una pasión. Por eso a los nueve años, decidieron anotarlo para estudiar guitarra con una profesora del barrio; cinco años después estaba tocando jazz-rock con Madre Atómica y con sólo 18 ya jugaba en las ligas mayores con Charly García, David Lebón y Oscar Moro en Serú Girán. Desde entonces, su nombre forma parte de las referencias insoslayables de la historia de nuestro rock nacional.
En esta entrevista con el autor de “A cada hombre, a cada mujer”, hablamos de Contraluz -su último disco-, del narcicismo de los artistas, de su experiencia musicalizando los poemas de Borges y de los sueños que le quedan por cumplir.

-Se podría decir que Contraluz es como un libro de cuentos con una variedad estilística muy amplia. Teniendo en cuenta las nuevas formas de escuchar música, ¿cada vez tiene menos sentido pensar al disco de manera conceptual?

No, no creo que haya dejado de tener sentido. Un álbum conceptual es como una sinfonía, con varios movimientos que pertenecen a un todo. Se puede escuchar por internet un sólo movimiento, si uno quiere, pero eso es algo que ya pasaba con la radio o la televisión, la obra se segmentaba, pero quien la escuchaba en un concierto o en el disco, tenía la obra entera. Las nuevas formas de escuchar no eliminan, necesariamente, a las demás. Simplemente suman otras.

-Las fotografías que ilustran Contraluz también son de tu autoría. ¿Estas otras disciplinas artísticas terminan influenciando tu trabajo como músico?

Creo que sí. En este disco las letras están llenas de imágenes, son muy "visuales". Mi profundización en la fotografía, en estos últimos años, terminó impregnando mi música, sin duda. Y no sólo en las letras, sino en los paisajes sonoros. Un tema como "La pregunta" tiene un espacio que recuerda a los paisajes de la estepa patagónica, como los que fotografié en mi muestra "Tú eres eso".

-Cuando uno escucha un disco tuyo percibe detrás un enorme cuidado tanto en lo musical como en lo estético.  En ese trabajo, que uno imagina bastante planificado, ¿hay detalles que terminan siendo fruto de la improvisación? ¿Sos de los que llegan al estudio sabiendo perfectamente cómo querés que suenen tus canciones o muchos arreglos surgen azarosamente?

Hay un poco de las dos cosas. Ciertas canciones ya tienen sus mundos diseñados de antemano, y en el estudio simplemente se los plasma. En otros casos, el estudio es una paleta de colores para pintar lo que todavía no está del todo definido. Los "accidentes" creativos son los más lindos, momentos en que de algo inesperado surge un camino al que no se habría llegado a través de un desarrollo lógico o premeditado. La fuerza y la sorpresa del momento presente son herramientas indispensables.

-Es sabido que además de lo musical, disfrutás muchísimo del sonido como fenómeno. Las grandes bandas, desde Beatles en adelante, usaron al estudio de grabación casi como un instrumento más. Sin embargo, en nuestra música nacional no son tantos los artistas que se atreven a este tipo de experimentación. ¿Por qué creés que pasa eso?

No puedo hablar de los demás a riesgo de caer en una generalización hecha sin un conocimiento profundo de sus obras. Sí puedo hablar de lo que a mi música respecta. Yo busco que cada canción tenga su propia atmósfera, y que "ella misma vaya pidiendo" cómo y en qué espacio sonoro habitar. Es un trabajo intuitivo, que involucra una escucha muy atenta: la propia música te va guiando hacia la sonoridad que mejor le queda. Ese trabajo lo hacemos con el ingeniero Ariel Lavigna, quien viene grabando y mezclando mis discos hace ya 11 años. Cada nuevo álbum ha tenido su propia impronta, y dentro de ellos, cada canción es su propio mundo. Todo lo que nosotros tenemos que hacer es saber escuchar lo que cada una necesita.

-Tus discos están impregnados del eclecticismo de esa joya que es Revolver de Los Beatles. A la hora de escribir nuevas canciones, ¿el faro sigue estando puesto en esa dirección o de algún modo, también estás atento a los nuevos fenómenos que fomenta la industria de la música?

La era Beatle del '65 al '68 es una referencia clásica, un momento creativo único que sentó un precedente de excelencia altísimo. Ese metro patrón sirve para medir el alcance de una canción de rock, a mi entender. Pero también es necesario estar atento a lo que pasa hoy, por supuesto, aún cuando muchas cosas sean una reformulación de cosas pasadas.

-Alguna vez dijiste que “cualquiera que se sube a un escenario es narcisista”. Con los años, ese narcisismo, ¿aumenta o disminuye?

Hay muchas clases de narcisismo. Yo prefiero el del amor a la propia obra, pero siempre sin perder del todo la objetividad. Si no estás un poco enamorado de lo que hacés, no vas a tener la energía necesaria para andar de acá para allá mostrándolo. Necesitás estar orgulloso de lo que hacés, y al mismo tiempo no marearte con vanidades tontas. A mí, personalmente, lo que me dieron los años fue una mayor confianza en mi intuición; hay algo que me dice que voy por buen camino, y que ese camino no se termina nunca, estás siempre en "modo búsqueda". Y ahí estoy, confiado y feliz con lo que hago, pero consciente de ser una voz válida entre muchas otras más.

-Estarás de acuerdo con que ese narcisismo, propio del artista, hace que muchos grupos se separen en su mejor momento. Después de veinte años al frente de tu propio proyecto, ¿Volverías a ser parte de un grupo? ¿Hay algo que extrañes de aquellas épocas en que las decisiones eran consensuadas con otros integrantes?

Lo que hace que los grupos se separen es, habitualmente, una lucha de egos, en el peor caso o una necesidad de espacio de expresión individual, en el mejor. No creo que vuelva a formar parte de un grupo, ya que disfruto muchísimo de la libertad que tengo para crear. Pero tampoco lo descarto por completo: es muy poderosa la interacción de varias cabezas creativas en forma de equipo. Si volviera a darse eso, lo consideraría, claro.

-Y en tu proyecto solista, ¿cuán abierto sos a la opinión de los músicos que te rodean?

Depende de la canción y del contexto. Hay ciertas cosas que compongo que funcionan bien haciéndolas al pie de la letra, no admiten mayores cambios. Otras, están abiertas a que cada músico les aporte su propia visión.

-Alguna vez contaste que Charly recordaba que vos de chico le dijiste que él en la época de Sui Generis hacía cancioncitas en sol mayor. Y eso que llamabas cancioncitas podía ser Confesiones de invierno, un tema que luego homenajeaste en tu repertorio ¿Por qué no son tantos los artistas que se atreven a salir del sol mayor?

Ese comentario fue una provocación de un chiquilín insolente. Yo crecí tocando las canciones de Sui Generis con mis amigos en la esquina de mi casa, tienen un valor emocional altísimo para mí.  Además de ser canciones hermosas, profundas y brillantemente escritas. Pero ya sabemos que, cuando los chicos crecen, necesitan separarse de sus padres y sus mentores para desarrollar su propia personalidad. A los diecisiete años yo había descubierto el jazz y pensaba que iba a salvar el mundo! Y lo de las "cancioncitas en sol mayor" era una mojada de oreja. Al mismo tiempo, esa rivalidad y ese desafío de nueva generación que inyecté en Serú Girán, donde yo era 10 años menor, en promedio, y casi un desconocido en medio de consagrados, hizo que el grupo explotara creativamente. Con Charly, hoy, nos reímos al recordar esas anécdotas. Y hace ya un rato largo que no tengo la inseguridad de la adolescencia y lo reconozco y honro como uno de los más grandes artistas que dio nuestro país, en cualquier rubro.
En cuanto a "salir del sol mayor", no habría por qué hacerlo. La profundidad, la belleza y el alcance de una obra no dependen de su complejidad ni del virtuosismo en la realización. Se puede comunicar una idea poderosa y conmovedora con pocos elementos y una técnica rudimentaria. Pero hay que tener sangre de artista en las venas y algo hondo para decir. Si no, no vale gran cosa.

-  Hace relativamente poco se conmemoraron los treinta años de la muerte de Borges. En el 2000 hiciste un disco musicalizando los poemas del autor de El Aleph. ¿Cómo recordás esa experiencia?

Fue un gran honor que me convocaran para hacerlo, y un hermoso desafío artístico. Fue un trabajo muy fluído, donde la creatividad brotó libre y espontáneamente. Y es que no todos los días se trabaja con un letrista tan bueno.
Lo estrenamos en el Teatro Colón el día del centenario del nacimiento de Borges, el 24 de agosto del '99, y lanzamos el CD al año siguiente. Hubo participaciones magistrales de Mercedes Sosa, Rubén Juárez, Víctor Heredia, Jairo, Lito Vitale y el grupo A.N.I.M.A.L.
Este año vamos a lanzar, finalmente, el DVD del concierto. Después de buscar denodada e infructuosamente la grabación que había hecho en su momento Canal (á), decidimos restaurar una cinta VHS que grabé yo mismo de la transmisión por cable, porque el registro de esa noche no merecía estar perdido. Lo está editando y procesando Ariel Hassan, así que está en las mejores manos.

-  En Contraluz, el tema que da nombre al disco, cantás: “Cuando el corazón anda sin dueño, los ojos no ven personas sino sueños”. Si recorrés tu carrera, ¿todavía te quedan muchos sueños por cumplir?

El principal sueño era emocionar e inspirar a la gente de la misma manera que mis héroes musicales lo hicieron conmigo. Recibo tantas lindas muestras de que eso se logró, que podría decir con confianza que el sueño está cumplido. Y al mismo tiempo, el desafío recomienza cada vez que enfrento la hoja en blanco, entro a un estudio o subo a un escenario. Hay que dejar el alma en cada nota, cada vez, hasta el último día.

-  Por último, si aquel niño que con seis años pidió que le compraran Revolver de Los Beatles se encontrara con este hombre que sos hoy, ¿cómo creés que lo vería? ¿Qué le diría?


Qué buena pregunta... Lo imagino y me emociono. Creo que el pibe se asombraría y pensaría "guau, este tipo está haciendo todo lo que yo quiero hacer cuando sea grande", pero, como ya sabemos, necesitaría hacer su parricidio simbólico y tal vez me diría: "muy lindo todo, pero... ¿no se le ocurren cosas mejores?" 

Publicada originalmente en la revista Quid, noviembre 2016.

lunes, 24 de octubre de 2016

Entrevista a Pablo Ramos: “Cuando la realidad es dura, al transformarla en ficción corrés el riesgo de prostituirla”


Nando Varela Pagliaro

“El otro día iba camino a lo de mi hija y uno en la calle me grita: “¡Locura! ¡Tomá, una de la mejor!” y me la regala. Llamé a mi padrino.
-¿Qué hacés?.
- La tengo en la mano.
- ¿Pero vos sos pelotudo que la agarraste?
- Y, es un regalo.
- Sí, un regalo del diablo, boludo.
- Loco, no la puedo tirar.
No me la metí, pero no la podía tirar. Tenía en la mano lo que me había cagado la vida y no lo podía tirar. Por eso Baudelaire me chupa un huevo porque no le creo nada. ¿Qué paraíso artificial? Infierno artificial. Porque cuando yo la fui a comprar, la fui a comprar eligiéndola. Nadie me la puso. Mi mamá no se drogó en el embarazo. No me puso droga, me ponía café con leche arriba de la mesa. 
Al final vino el Ruso, un amigo de La Paternal y la tiramos, pero yo dije: “Boludo, se la hubiéramos regalado a alguien”. Me miró y me dijo: “¿vos te escuchás? Escuchate, porque está hablando la enfermedad”. La enfermedad habla. Eso viene del alma, no viene de otro lugar. También está la obsesión. ¿Cuál es la obsesión? Una rayita. Si me tomo la raya, está la compulsión y después el egocentrismo. Pero yo iba camino a ver a mi hija. Entonces, mi amigo me pregunta: “Si te tomás una raya, ¿seguís camino a ver a tu hija?” Ni en pedo, le digo. Entonces qué hago, pienso en ella. Si me falla, caigo. El gran enemigo del adicto es la culpa. La culpa te hace seguir consumiendo”.
El que habla es Pablo Ramos, uno de los pocos autores que cuando escribe, cuando da una nota o toca con su banda, siempre  muestra hasta sus vísceras. Nunca tiene miedo al qué dirán. Es tan auténtico e intenso, como los siete libros que lleva publicados. En el último, Hasta que puedas quererte solo, estructura su relato a partir del Programa de los Doce Pasos de Alcohólicos Anónimos y con una potencia literaria desgarradora describe cuánto duele descender al infierno de las adicciones. Sin guardarse nada y con una mirada profunda, revela desde adentro lo que la droga da y sobre todo, lo que quita.


-En tus libros siempre hay muchos datos autorreferenciales, pero este es el primero en el que vos mismo sos el personaje. ¿Por qué quisiste desnudarte tanto?

-Cuando la realidad es dura y muy significativa, al transformarla en ficción corrés el riesgo de prostituirla. Si la ficción que lográs es menor de lo que fue la realidad, no tiene sentido. Por eso, estas crónicas merecían que llevaran mi nombre real porque toda la gente sobre la que escribo, también figura con su nombre real. Me expuse tanto que en la tapa hasta puse una foto mía con mi hermano. Yo soy el más rubiecito de los dos nenes. Mis piernas no logran verse en la foto porque falló la cámara. Como si el destino ya lo supiera, van a andar un solo camino y uno va a ser la sombra del otro. Cuando mi hermano está bien, yo estoy mal y cuando yo estoy bien, mi hermano está mal. Por otra parte, este libro, de algún modo, reivindica la figura de mi padre que traté con tanta dureza en La ley de la ferocidad.

-En este país en el que nos encanta poner etiquetas, ¿te preocupa la lectura que se pueda hacer del libro?

- No me preocupan las etiquetas. El otro día me llamó un tipo de una radio y para presentarme dice: “vamos a hablar con Pablo Ramos, adicto, también guionista”. Ni escritor dijo. Cuando termino de escuchar la presentación, el tipo repetía: “Hola, ¿se escucha?” Y yo no decía nada. A los segundos le respondo: “Disculpá, lo que pasa es que me estaba inyectando. Lo primero que hago es inyectarme heroína porque antes que nada soy es un adicto, ¿no?”. El tipo me pide perdón y que le cuente mi novela. “Te cuento”, le digo y empecé a hablarle de La ley de la ferocidad. Hasta que me canso: “Para la próxima, aunque sea, sacale el nylon y leé la contratapa para hacerme una entrevista”. Que ese tipo me rotule, me importa muy poco. Me podría llegar a preocupar algún enemigo literario que tengo, pero tampoco me preocupa porque el libro se sostiene. La prueba es que la primera edición se agotó sin hacer ni una sola nota de prensa.

-¿Querés decir que si un libro es bueno, el periodismo sirve de poco?  

-Sirven de poco cuando le dan con un caño a un libro. Ojalá la crítica se dedicara a hablar solo de los libros que le gustan.

-En cuanto al proceso de escritura, ¿este libro te costó todavía más que la Ley de la ferocidad?

- Este libro me costó muchas recaídas de mi hermano y mías. Por eso tardé tanto en publicarlo. No estaba seguro si estaba haciendo algo valioso o estaba escrachando a mucha gente que quiero.

-Ahora que está en la calle,  ¿qué devolución recibiste de tu entorno que forma parte del libro?

- Ellos sienten que el libro les dio una voz y están tan contentos que hasta se lo regalan a otros diciéndoles que están adentro del libro. Además, no elegí gente que tomaba merca y salía a robar, sino que  escribí sobre los que se drogaban porque buscaban calmar un dolor.
   
-Me acuerdo que la primera vez que charlamos, hablamos mucho de Maradona y los puntos de contacto en la historia de vida de ambos. En una de las tantas frases de Diego, él dice “qué jugador hubiera sido si no se drogaba”. En tu caso, ¿pensás qué escritor hubieras sido sin la droga?

-Diego lo dice porque jugó drogado. Yo no tengo nada publicado que haya escrito drogado. Todo lo que escribo borracho o drogado es un desastre. Creo que me rescaté a tiempo. Mi cabeza está tan o menos entera que la de cualquiera. Además supongo que entre los dos hay distintas maneras de tomar. Yo empecé a tomar porque tenía dos laburos y quería quedarme despierto para poder leer o escribir. Durante dos años leí como un loco. Leía más de seis horas por día. Por suerte en esa época no podía comprar diez gramos de cocaína, compraba solo uno. Después la adicción te va atrapando y por eso terminé como terminé. Cuando tuve la empresa y ganaba tanta guita, tenía un kilo de merca en la caja fuerte por las dudas.

- En el libro decís algo así que como  “el que tiene el bolsillo lleno tiene la razón o al menos los demás le dan la razón”. Ahora que ya no sos empresario y te dedicás solo a la literatura, ¿sigue siendo igual tu relación la plata?

- Todo sigue siendo igual. Yo no cambié en nada, las personas no cambian, nadie cambia. Mi relación con la guita sigue siendo tan promiscua como antes. Ahora, tal vez tengo algunas herramientas más. Si estoy sobrio al momento de elegir, puedo elegir tomarme un vino, tomarme una raya o elegir no hacerlo y llamar a alguien. Por eso siempre es “solo por hoy”. Ante la tentación, siempre se habla de dejar la droga para mañana, total el puntero ya sabemos que va a estar ahí, siempre esperando. Yo lo que hago es tratar de armarme planes. Por suerte mi hija Antonia vino a mi vida y fue una especie de centro al pie que me tiró el universo. Ella es la luz de mis ojos. Además la soñé mucho. En una de las canciones que le escribí lo digo: “una vez te soñé, una vez te creí ver”. Ya le hice tres canciones. Estoy enamorado de ella. En mis sueños aparecía una voz y me decía “estoy llegando, ¿cómo me vas a encontrar?” Y yo decía: “limpio” y me despertaba.

-En el libro pareciera que la única salida posible es la fe, la religiosidad, ¿es así?

-Es importante el trabajo espiritual y la fe, pero no tiene porque ser la fe en Dios. Puede ser la fe en algo, en Narcóticos Anónimos, en un programa de doce pasos, la fe en un padrino que vos elegís. Yo tengo uno con quince años de recuperación. Si uno tiene fe en su padrino, lo que él piensa es más sano que lo que piensa uno. Yo pensaba al revés, decía: “Me drogo porque me quedé sin laburo, me drogo porque mi mujer me dejó”. Hasta que vino Mario C. y me dijo “a vos te echaron del laburo porque te drogás y tu mujer te dejó porque te drogás, vos pensás al revés”.

-“La ayuda no llega si no se pide”, decís en el libro. ¿Te costó pedir ayuda?

-Claro, porque lo más difícil es pedir ayuda todo el tiempo, pedir ayuda cuando uno está bien. Porque una vez que consumiste, ya no sirve la ayuda. Hoy tengo apenas siete meses limpio y es un montón. Mantenerse limpio implica un constante examen de uno mismo. Los grupos son contención, no es un tratamiento. Aparte está la terapia que es fundamental para salir.

-Para salir hay que tener a qué aferrase. ¿Cuáles son esas cosas a las que te aferrás?

-Hoy me aferro a mi hija Antonia, a un par de compañeros y a la escritura. El libro dice que es hasta que puedas quererte solo y yo ni en pedo me quiero solo. Apenas aprendí a no odiarme solo.

-¿Qué pensás que se podría hacer desde el gobierno?

-En Ámsterdam hay una plaza en la que te vienen a inyectar la heroína o la codeína. También te dan un folleto en el que te muestran que podés salir de eso. Desde el gobierno deberían mirar el problema más de frente. Pero la realidad es que más avanza este gobierno y más kirchnerista soy. Es cierto, en salud Cristina no hizo tanto, pero daba el contexto para que si seguía un proyecto así, en algún momento se miren estas cuestiones. Es increíble que la solución a estos problemas esté por fuera de entes gubernamentales. En televisión ni siquiera se ven anuncios de NA o AA. Los pocos que vi, los vi en la época de Cristina en Canal Siete. Alguna vez habría que hablar realmente de la legalización de las drogas, pero con este gobierno dudo mucho que esto pase.

-Por último, ¿qué te gustaría que pase con el libro?


-Me gustaría que me llamen para hablar, que vaya más por el camino de las drogas que del de la literatura. Con que ayude a uno solo, ya me alcanza.

Publicada originalmente en Revista Quid, octubre 2016.