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lunes, 21 de diciembre de 2015
Solo se trata de escribir en Tiempo Argentino y Revista Veintirés
En Tiempo Argentino, Juan Pablo Cinelli me hizo algunas preguntas. Acá, la nota.
En Revista Veintitrés, Andrea Albertano reseñó Solo se trata de escribir. Pasen y lean.
jueves, 29 de octubre de 2015
Solo se trata de escribir
Queridos amigos, ya tengo en mis manos mi libro de
entrevistas a escritores. Aquellos que quieran hacerse de un ejemplar no tienen
más que escribirme por acá y con mucho entusiasmo me encargaré de llevárselo a
sus casas. El precio es muy barato: solo 100 pesos. Si todavía no están
decididos, sepan que con la compra del
libro, además están colaborando con la Fundación Feliz Nandito. Los que estén
interesados escríbanme por inbox o a mi mail nandobabel@gmail.com.
jueves, 4 de octubre de 2012
El oficio de mentir
“Tengo la sospecha- que con el tiempo se ha ido acercando cada vez más a lo que podría llamarse una certeza- de que la realidad no se escribe. El mundo real es para vivirlo, el amor es para vivirlo, el odio es para vivirlo, las pasiones son para vivirlas. Se hace ficción sobre lo que te queda o lo que te faltó de todo eso, sobre tus deseos, sobre tus culpas, sobre tus sueños. Ésa es la relación del escritor con la realidad. Cuando puede escribir aquello que vivió es porque ya lo ha pulido el tiempo, porque ya no significa lo que significaba en aquel momento, y muchas veces – siempre- debe mentir, para que resulte verdadero. La realidad contada tal como fue no tiene sentido para un escritor”. Abelardo Castillo.
martes, 14 de febrero de 2012
La gracia de escribir

"Uno escribe para saber cómo termina esa historia que está contando: uno es el primer lector de esa historia, ésa es la gracia de escribir. Y, una vez que descubrís cómo termina, empezás a escribir de atrás para adelante. Como decía Kierkegäard: "la vida se vive para adelante y se entiende para atrás". Ese movimiento de pelo y contrapelo permanente, eso es para mí la literatura, ese ir y venir".
Juan Forn.
lunes, 27 de junio de 2011
La arquitectura de la mentira

"Creo que para ser autobiográfico hay que agregar muchísima ficción. El riesgo que se corre es muy grande. Si quiero transmitir un dolor profundo y te cuento tal cual fueron los acontecimientos, no funciona. Pero si le agrego una escena de ficción, como la de la mujer de las uvas al principio de la novela, armo con esa arquitectura de la mentira una verdad que siento en el corazón y así es más probable que logre transmitir lo que quiero.
Creo que como escritor hay que ser honesto con lo que uno está escribiendo. Escribir sobre mi vida no significó decir la verdad sobre mi mamá, la verdad sobre mí, que por otro lado no existe. Uno va a contar una historia y tiene una sensación de esa historia. Si por temor o por cobardía no hace todo lo que tiene que hacer para intentar comunicar y compartir esa sensación, falla. Y la honestidad radica en que cada escena sea puesta por una necesidad de la historia. No hay ningún otro motivo para que algo esté ahí. A mí me interesa mucho rozar el lugar común como lugar estético. Tal vez sea más fácil esquivar esa mención a lo sentimental, pero yo prefiero arriesgar ese roce con el lugar común, con mi intuición como única herramienta y creo que a veces me sale".
Pablo Ramos
jueves, 27 de enero de 2011
Las herramientas de Federico

Sospecho que la inteligencia siempre ha sido sobrevalorada. Que hay otras cosas que importan más, quiero decir. La voluntad, por ejemplo. O la perseverancia, mejor. Esto último es lo que me ha convertido en escritor. Y también en carpintero, que de eso es de lo que tratarán estas líneas. Empecé hace mucho, con un ropero y los muebles para la cocina de mi primer departamento. Seguí unos años después, construyendo una galería alrededor de una casa que supe tener en el Delta. Aunque, claro, mi obra máxima ha cumplido, hace pocos días, siete años. En aquella época, el amor por una mujer me llevó algún tiempo a Finlandia. El amor se acabó, cuestión que, lamentablemente, cada tanto me suele pasar. Pero de esa historia me quedó una novela, Vida interior , y también un sauna. Aproveché aquellos días nórdicos para observar hasta el detalle cada uno de los infinitos saunas que visitábamos y para hacer infinitas preguntas al respecto a cada finlandés que me encontraba por la calle. Al llegar hice un plano y lo construí en el jardín de mi madre, en Baradero: mi departamento del barrio de Congreso era demasiado pequeño para albergarlo. Un auténtico y tradicional sauna finlandés a leña. Hace cuatro años me mudé a un PH, en Constitución. Con terraza. Y me lo traje, por supuesto. Tuve que desarmarlo allá y volverlo a armar acá. Sin embargo, y de manera inexplicable, sobrevivió. Este verano lo tendré que arreglar; la puerta, sobre todo, que se ha arqueado por las lluvias, y una de las paredes. Me gusta. Me hace bien el trabajo con la madera. Uno tiene que concentrarse en lo que está haciendo, pensar sólo en lo que está serruchando o en el clavo que está martillando. Uno se olvida de que tiene otra vida; la vida es sólo eso, lo que tiene delante en ese preciso momento; un descuido puede ser fatal. Y eso está bien: es lo más parecido a poner el resto del mundo entre paréntesis que he conocido a lo largo de los años. Casi como escribir.
Federico Jeanmaire.
lunes, 3 de enero de 2011
¿Por qué escribo?

"Preferiría formular la pregunta así: ¿Por qué se escribe? Hace tiempo, cuando era joven, escuché a Samuel Beckett responder: “No me queda otra”. Las respuestas posibles son todas plausibles pero con un punto de interrogación. ¿Escribimos porque tememos a la muerte? ¿Por qué tenemos miedo de vivir? ¿Por qué tenemos nostalgia de la infancia? ¿Por qué el tiempo pasado corrió deprisa o porque queremos detenerlo? ¿Escribimos porque a causa de la añoranza sentimos nostalgia, arrepentimiento? ¿Por qué queríamos haber hecho una cosa y no la hicimos o porque no deberíamos haber hecho algo que hicimos y no debíamos? ¿Por qué estamos aquí y queremos estar allá y si estuviéramos allá nos hubiese resultado mejor quedarnos aquí? Como decía Boudelaire: la vida es un hospital donde cada enfermo quiere cambiar de cama. Uno piensa que se curaría más deprisa si estuviera al lado de la ventana y otro cree que estaría mejor junto a la calefacción".
Antonio Tabucchi.
jueves, 14 de octubre de 2010
Las comillas del final

“Tengo pegado a la piel este rol de escritor pero ya no soy un escritor, nunca quise serlo, no tengo ganas de escribir, ya he dicho todo lo que quería, y escribir dejó de divertirme y de darme una identidad. No es cierto lo que dice en algunos ensayos mi amigo Verani, especialmente en su trabajo sobre “El discurso vacío”, de que ni desesperación nace de no poder escribir. Yo puedo escribir; vea usted cómo estoy escribiendo y qué bien lo hago. Puedo escribir lo que se me antoje; nadie me molesta, nadie me interrumpe, tengo todos los elementos y toda la comodidad que necesito, pero simplemente no tengo ganas, no quiero hacerlo. Y estoy cansado de representar ese papel. Estoy cansado de todo. La vida no es más que una carga idiota, innecesaria, dolorosa. No quiero sufrir más, ni llevar más esta miserable vida de rutinas y adicciones. Apenas cierre estas comillas, pues, me volaré la cabeza de un tiro”.
Mario Levrero.
jueves, 16 de septiembre de 2010
El valor de las dudas

“Yo creo que la literatura no tiene que ver con las respuestas sino con las preguntas. Un buen escritor no es el que intenta iluminar a la humanidad, respondiendo a las grandes cuestiones universales que angustian a sus congéneres sino el que se hace preguntas a sí mismo y las traslada en sus libros al lector, para compartir con él quizás no lo mejor pero sí lo más esencial que posee. Desde este punto de vista, las certezas son mucho menos valiosas que las dudas, y las contradicciones representan más un estímulo que una dificultad. Las verdades como puños, eso sí, hay que buscarlas en otros libros.”
Almudena Grandes, en el prólogo a la edición de "Las edades de Lulú".
lunes, 30 de agosto de 2010
Marquina en la mañana reparando los rastros que la debilidad le deja cuando duerme

No permitas que nadie te enseñe a escribir, no dejes que nadie te de indicaciones, no te desalientes, no preguntes, aprendé solo , fijate que la inmensa mayoría es basura, que no te guste lo que escribís porque le gusta a la que te gusta, si lo que escribís le gusta a la que querés tirá todo eso, dejá lo que no entendés, no tirés nunca lo que te da vergüenza, poné los nombres verdaderos de tus parientes y amigos, si los cambiás vas a ver que ya no existen, y no se puede escribir de lo que no existe, no dejes que nadie te alabe, cuando te digan que es muy bueno lo que escribís empezá con otra cosa, si se te ocurre un poema escribí en prosa, si te viene una novela, escribí un poemita, nunca corrijas textos que sabés que pueden mejorar , corregí lo que no te acordabas que existía, no te olvides que los bailes están cargados, alguien los puso ahí para que vayas y creás que podés contarlos, escribí de lo que va a pasar como si estuviera pasando, inventá una escritura biográfica, no dejés que la realidad destruya tus papeles, cambiá la realidad para que se parezca a lo que escribís. Si cogés que sea para contarlo, no te encames por amor, nunca, si sufrís que sea para darle existencia a un personaje, no dejés que la experiencia te sirva para algo fuera de la literatura, sé un perro, siempre, apostá al caos, el tiempo después ordena todo, lo junta, la gente le pone nombre a todo lo que hiciste, no hagás caso, de nada, no sirve estar triste por lo que pasa, los que te destruyeron te odian, nunca olvides eso, los que te odian te envidian, no hay vuelta, los que te envidian te aman, y no olvides que esa noche de gloria es eterna y sirve para siempre, nunca vas a poder quejarte. ah, me olvidaba, hay que borrar todo esto...
Daniel Durand.
domingo, 28 de marzo de 2010
Escribir es un lujo

"Cuando se tiene algo que decir, se escribe en cualquier parte. Sobre una bobina de papel o en un cuarto infernal. Dios o el Diablo están junto a uno dictándole inefables palabras.
Orgullosamente afirmo que escribir, para mí, constituye un lujo. No dispongo, como otros escritores, de rentas, tiempo o sedantes empleos nacionales. Ganarse la vida escribiendo es penoso y rudo. Máxime si cuando se trabaja se piensa que existe gente a quien la preocupación de buscarse distracciones les produce surmenage".
Roberto Arlt.
lunes, 15 de febrero de 2010
Escribir es pura mierda

"¿Y ENTONCES PORQUÉ ESCRIBES? Por que no queda otra. Hay que tener un insano prejuicio para creer que la literatura es importante, que la poesía es trascendente, que un artista es algo que no salió por el mismo ojete donde salieron las albondigas y los tornillos. Escribir es pura mierda. Y encima todo escritor sabe que te tiene que ir muy mal en la vida para poder escribir más o menos bien. Cuanto más mal, mejor lo harás. Y eso es el escritor. Un puñetero desgraciado que le reza a sus entrañas para que hagan fracasar a la bestia, para que cojamos mal, para que no tengamos dinero, para que los pulmones se acostumbren a respirar con dolor (éso que los maricones llaman angustia). Te adiccionás a la desgracia, te acostumbrás al rito de sentarte frente a este animal viscoso y repugnante que estoy tecleando ahora mismo y esperar pacientemente que las palabras se hablen entre ellas, que se olviden que las estás escuchando o que te olvides tu de escucharlas, que los dioses o el vago de la esquina de la nada duerman tu conciencia y todo sea escrito como si fueras una mina cojida mientras duerme. Y después acostumbrarte a todos los días o noches en donde los vagos de los dioses están estreñidos y ni siquiera sale olor del culo de tu creatividad".
"Enrique Symns"
viernes, 22 de enero de 2010
Lecturas de verano III
"La culpa era sólo mía. Mi relación con el dinero siempre había sido imperfecta, enigmática, llena de impulsos contradictorios, y ahora pagaba el precio de negarme a adoptar una posición clara al respecto. Desde siempre, mi única ambición había sido escribir. Lo sabía desde los dieciséis o diecisiete años, y nunca me había hecho ilusiones de que podría ganarme la vida escribiendo. El escritor no “elige una profesión”, como el que se hace médico o policía. No se trata tanto de escoger como de ser escogido, y una vez que se acepta el hecho de que no se vale para otra cosa, hay que estar preparado para recorrer un largo y penoso camino durante el resto de la vida. A menos que se resulte ser un elegido de los dioses (y pobre de quien cuente con ello), con escribir no se gana uno la vida, y si se quiere tener un techo sobre la cabeza y no morirse de hambre, habrá que resignarse a hacer otra cosa para pagar los recibos. Yo comprendía todo eso, estaba preparado para ello, no me quejaba. En ese aspecto, tuve una suerte inmensa. No sentía un interés particular por los bienes materiales, y la perspectiva de ser pobre no me asustaba. Lo único que quería era una oportunidad de realizar la obra que sentía en mi interior.
(…) Mi problema era que no quería llevar una doble vida. No es que no quisiera trabajar, pero la idea de fichar en algún sitio de nueve a cinco me dejaba frío, totalmente desprovisto de entusiasmo. Con veintipocos años me sentía demasiado joven para sentar cabeza, demasiado lleno de proyectos para perder el tiempo ganando más dinero del que quería o necesitaba".
De "A salto de mata" de Paul Auster.
(…) Mi problema era que no quería llevar una doble vida. No es que no quisiera trabajar, pero la idea de fichar en algún sitio de nueve a cinco me dejaba frío, totalmente desprovisto de entusiasmo. Con veintipocos años me sentía demasiado joven para sentar cabeza, demasiado lleno de proyectos para perder el tiempo ganando más dinero del que quería o necesitaba".
De "A salto de mata" de Paul Auster.
miércoles, 20 de enero de 2010
Lecturas de verano I
“Dar vueltas. No parar. No poder parar. No poder parar nunca. Me parece que escribir es eso, algo así como dar vueltas, no parar, no poder parar, nunca. Andar a ciegas entre las palabras, tanteando a oscuras. Buscarlas. Perseguirlas. Y rara vez alcanzarlas. Muy rara vez encontrarlas, muy de tanto en tanto. Me parece que escribir es eso, nada más que eso. Aunque tampoco menos. Dar vueltas alrededor de las mismas palabras y, a partir de esas palabras, alrededor de los mismos dos o tres asuntos. Siempre. Toda la vida. Siempre alrededor de los mismos dos o tres asuntos. Quizá los únicos que realmente nos importan de entre tantos otros asuntos que, cuando no estamos escribiendo, parecen también importarnos. Pasa eso con la escritura, que nos obliga a atender sólo a aquello que realmente nos importa, que llevamos incrustado en el cuerpo. No nos deja mentir, la escritura. Se las ingenia para sacar desde adentro de las palabras sólo aquello que verdaderamente nos importa”.
Del libro "La patria" de Federico Jeanmaire.
Del libro "La patria" de Federico Jeanmaire.
martes, 17 de noviembre de 2009
Un dulce olor a muerte

"La muerte se presenta de golpe. La combatimos: toda esta mendicidad de cirugías plásticas, de trasplantes de pelo, productos light, de juventud permanente. Pareciera que la muerte se ha convertido en algo obsceno y sin embargo somos pueblos completamente destructivos. Pueblos que no han dejado de matar. Todos nosotros estamos sentados en un trono de sangre. No hay acto humano que no derrame sangre. Los vegetarianos que creen que no matan animales olvidan que para poder sembrar zanahorias tienen que arrasar bosques enteros. Yo he visto cómo queman bosques, cómo los ciervos quedan completamente achicharrados, cómo las codornices tratan de volar y no pueden porque tienen las alas quemadas. Hay muerte. Este hermoso edificio seguramente fue un bosque que fue aplastado con tal de que los seres humanos tuviéramos un espacio. Eso no es malo: somos una especie vinculada con la muerte. Hemos hecho de la muerte la forma de vincularnos con la naturaleza. Somos la parte más alta de la cadena alimenticia. A veces lo olvidamos: lo que un escritor tiene que hacer es devolver la mirada a aquellas cosas sobre nosotros mismos queremos negar y una de ellas es cómo nos vinculamos con la muerte".
Guillermo Arriaga.
martes, 20 de octubre de 2009
La escritura es un tributo

"Los períodos que no escribo me siento muy indigno de la vida. Me siento como que no merezco nada. La escritura es un tributo, la manera de, no sé si de devolver, pero sí de asimilar, de entender, tener la ilusión de que todo el caos entra en una suerte de orden lírico o poético. Que es falso también: es a su vez un caos, pero hay una sensación de que escribir te redime un poco. Eso es lo que me pasa con la escritura, me hace sentir bien. Por eso me siento bien cuando escribo, porque siento que hice lo que tenía que hacer y yo siento que lo que tengo que hacer es escribir".
Pedro Mairal.
viernes, 18 de septiembre de 2009
Escribir para no ser escrito

“Yo usaba una especie de eslogan: escribo para no ser escrito. Viví escrito muchos años, representaba un relato. Supongo que escribo para escribir a otros, para operar sobre el comportamiento, la imaginación, la revelación, el conocimiento de los otros. Quizá sobre el comportamiento literario de los otros. Escribo para conservar el arte de contar sin sacrificar el ejercicio de pensar, un pensar que tiene que ver con la moral. La gente es muy obediente a las normas que le impiden operar en lo indiscernible y en la ambigüedad, a la represión ante las ideas que revelan la propia trivialidad, el sinsentido. Creo que es mucho más importante pensar que contar, pero para imponer el arte de pensar hay que contar. La razón no se sostiene sin relatos”.
Fogwill.
miércoles, 8 de julio de 2009
El escritor y sus necesidades

"No hay condiciones ideales; uno escribe porque no tiene más remedio. Siempre he dicho que si yo fuera enteramente feliz, con esa felicidad que alcanzan los santos, no escribiría una línea. La obstinación de un escritor en escribir está denotando ya una gran carencia en su capacidad de comunicación, de amar y ser amado. Uno escribe también para que lo quieran. Para realizar cosas que son muy vivas en su fantasía y la única manera de realizarlas es ponerlas en boca de otro. Pero pensando en condiciones concretas, creo que un escritor necesita tiempo. Necesita también –una petición injusta tal vez- un entorno humano, una mujer, hijos que disimulen las carencias provocadas por las conductas propias del escritor. Y necesita también algo de dinero, porque escribir mientras suena el timbre de los acreedores… Aún así, la historia de la literatura está llena de ejemplos de escritores que escribieron a pesar de todo. Me contaron en Italia que Pirandello escribía en una época en una habitación con su mujer detrás de un biombo, loca, dando alaridos".
Héctor Tizón.
miércoles, 20 de mayo de 2009
La escritura y el conflicto

"La escritura surge del conflicto: si no hay conflicto, no hay escritura. Igual que la lectura. Uno empieza a leer porque está mal. Por eso siempre digo que las campañas de lectura que se hacen son bien inútiles, porque un adolescente que está bien no lee, anda por ahí. Si se escribe es para resolver algo, para desatar un nudo, para curar una herida, para entender algo, para entenderte a ti mismo. Por eso alguien que no tenga desacuerdo ninguno con el mundo podrá hacer otras cosas pero no escribirá. En ese sentido, es cierto que tiene que haber un malestar, o llámelo desacuerdo, extrañeza, inquietud, que es lo que te empuja a escribir".
Juan José Millás
viernes, 17 de abril de 2009
De jardines ajenos

"Uno empieza a escribir porque le gusta, nada más. Y después tiene la revelación de que escribir da sentido a la vida. Además, da mucha fuerza. Pienso que hasta las cosas desagradables que me pasan, si son interesantes, se transforman en algo grato porque me permiten escribir y contarlas. Me pregunto si no seré un maniático de la literatura, porque a todo el mundo le digo: “Trate de escribir, va a ver qué bueno que es”. Porque creo que lo fortalece a uno. La vida es muy inexplicable. Tenemos una conciencia, tenemos sueños, tenemos una verdadera vocación de inmortalidad y el cuerpo tiene una verdadera vocación de mortalidad y está continuamente mostrándonos nuestra decadencia, cómo nos vamos deshaciendo y perdiendo. Entonces, si no hay esa posibilidad de descubrir cosas y analizarlas. Además,escribir en cierto modo es como tener otra vida. Otra vida hecha con la misma vida. Agregamos cuartos a nuestra casa. A veces, a las casas de los demás. Alguna vez dije que para soportar la historia contemporánea lo mejor era escribirla. Con la vida tal vez pasa algo así. Quiero decir que si no tuviéramos el consuelo de comentarla, la vida sería más dura. Los comentadores tenemos esa suerte de ocupar nuestro pensamiento, que con la imaginación, la crítica, la ironía y el patetismo nos da siempre otros jardines para pasear y estar tranquilos".
(Adolfo Bioy Casares)
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