domingo, 13 de noviembre de 2016

Entrevista a Pedro Aznar: “Hay que dejar el alma en cada nota”


Nando Varela Pagliaro

Pedro Aznar creció en el barrio de Liniers. Durante su infancia, a muy pocas cuadras del Santuario de San Cayetano, todavía había algunas calles de tierra que en verano se llenaban de mariposas. En esas calles, Pedro podía pasarse horas jugando con sus amigos, pero cuando volvía a su casa siempre tenía un lugar muy privado: la música. Ese rincón era demasiado personal y casi nadie podía seguirlo hasta ahí. Era tal su fascinación que apenas tenía seis años cuando pidió que le regalaran el disco Revolver de los Beatles. A sus padres esa música les parecía ruido a tachos, pero igual le dieron el gusto. Era claro que a Pedro lo traspasaba una pasión. Por eso a los nueve años, decidieron anotarlo para estudiar guitarra con una profesora del barrio; cinco años después estaba tocando jazz-rock con Madre Atómica y con sólo 18 ya jugaba en las ligas mayores con Charly García, David Lebón y Oscar Moro en Serú Girán. Desde entonces, su nombre forma parte de las referencias insoslayables de la historia de nuestro rock nacional.
En esta entrevista con el autor de “A cada hombre, a cada mujer”, hablamos de Contraluz -su último disco-, del narcicismo de los artistas, de su experiencia musicalizando los poemas de Borges y de los sueños que le quedan por cumplir.

-Se podría decir que Contraluz es como un libro de cuentos con una variedad estilística muy amplia. Teniendo en cuenta las nuevas formas de escuchar música, ¿cada vez tiene menos sentido pensar al disco de manera conceptual?

No, no creo que haya dejado de tener sentido. Un álbum conceptual es como una sinfonía, con varios movimientos que pertenecen a un todo. Se puede escuchar por internet un sólo movimiento, si uno quiere, pero eso es algo que ya pasaba con la radio o la televisión, la obra se segmentaba, pero quien la escuchaba en un concierto o en el disco, tenía la obra entera. Las nuevas formas de escuchar no eliminan, necesariamente, a las demás. Simplemente suman otras.

-Las fotografías que ilustran Contraluz también son de tu autoría. ¿Estas otras disciplinas artísticas terminan influenciando tu trabajo como músico?

Creo que sí. En este disco las letras están llenas de imágenes, son muy "visuales". Mi profundización en la fotografía, en estos últimos años, terminó impregnando mi música, sin duda. Y no sólo en las letras, sino en los paisajes sonoros. Un tema como "La pregunta" tiene un espacio que recuerda a los paisajes de la estepa patagónica, como los que fotografié en mi muestra "Tú eres eso".

-Cuando uno escucha un disco tuyo percibe detrás un enorme cuidado tanto en lo musical como en lo estético.  En ese trabajo, que uno imagina bastante planificado, ¿hay detalles que terminan siendo fruto de la improvisación? ¿Sos de los que llegan al estudio sabiendo perfectamente cómo querés que suenen tus canciones o muchos arreglos surgen azarosamente?

Hay un poco de las dos cosas. Ciertas canciones ya tienen sus mundos diseñados de antemano, y en el estudio simplemente se los plasma. En otros casos, el estudio es una paleta de colores para pintar lo que todavía no está del todo definido. Los "accidentes" creativos son los más lindos, momentos en que de algo inesperado surge un camino al que no se habría llegado a través de un desarrollo lógico o premeditado. La fuerza y la sorpresa del momento presente son herramientas indispensables.

-Es sabido que además de lo musical, disfrutás muchísimo del sonido como fenómeno. Las grandes bandas, desde Beatles en adelante, usaron al estudio de grabación casi como un instrumento más. Sin embargo, en nuestra música nacional no son tantos los artistas que se atreven a este tipo de experimentación. ¿Por qué creés que pasa eso?

No puedo hablar de los demás a riesgo de caer en una generalización hecha sin un conocimiento profundo de sus obras. Sí puedo hablar de lo que a mi música respecta. Yo busco que cada canción tenga su propia atmósfera, y que "ella misma vaya pidiendo" cómo y en qué espacio sonoro habitar. Es un trabajo intuitivo, que involucra una escucha muy atenta: la propia música te va guiando hacia la sonoridad que mejor le queda. Ese trabajo lo hacemos con el ingeniero Ariel Lavigna, quien viene grabando y mezclando mis discos hace ya 11 años. Cada nuevo álbum ha tenido su propia impronta, y dentro de ellos, cada canción es su propio mundo. Todo lo que nosotros tenemos que hacer es saber escuchar lo que cada una necesita.

-Tus discos están impregnados del eclecticismo de esa joya que es Revolver de Los Beatles. A la hora de escribir nuevas canciones, ¿el faro sigue estando puesto en esa dirección o de algún modo, también estás atento a los nuevos fenómenos que fomenta la industria de la música?

La era Beatle del '65 al '68 es una referencia clásica, un momento creativo único que sentó un precedente de excelencia altísimo. Ese metro patrón sirve para medir el alcance de una canción de rock, a mi entender. Pero también es necesario estar atento a lo que pasa hoy, por supuesto, aún cuando muchas cosas sean una reformulación de cosas pasadas.

-Alguna vez dijiste que cualquiera que se sube a un escenario es narcisista. Con los años, ese narcisismo, ¿aumenta o disminuye?

Hay muchas clases de narcisismo. Yo prefiero el del amor a la propia obra, pero siempre sin perder del todo la objetividad. Si no estás un poco enamorado de lo que hacés, no vas a tener la energía necesaria para andar de acá para allá mostrándolo. Necesitás estar orgulloso de lo que hacés, y al mismo tiempo no marearte con vanidades tontas. A mí, personalmente, lo que me dieron los años fue una mayor confianza en mi intuición; hay algo que me dice que voy por buen camino, y que ese camino no se termina nunca, estás siempre en "modo búsqueda". Y ahí estoy, confiado y feliz con lo que hago, pero consciente de ser una voz válida entre muchas otras más.

-Estarás de acuerdo con que ese narcisismo, propio del artista, hace que muchos grupos se separen en su mejor momento. Después de veinte años al frente de tu propio proyecto, ¿Volverías a ser parte de un grupo? ¿Hay algo que extrañes de aquellas épocas en que las decisiones eran consensuadas con otros integrantes?

Lo que hace que los grupos se separen es, habitualmente, una lucha de egos, en el peor caso o una necesidad de espacio de expresión individual, en el mejor. No creo que vuelva a formar parte de un grupo, ya que disfruto muchísimo de la libertad que tengo para crear. Pero tampoco lo descarto por completo: es muy poderosa la interacción de varias cabezas creativas en forma de equipo. Si volviera a darse eso, lo consideraría, claro.

-Y en tu proyecto solista, ¿cuán abierto sos a la opinión de los músicos que te rodean?

Depende de la canción y del contexto. Hay ciertas cosas que compongo que funcionan bien haciéndolas al pie de la letra, no admiten mayores cambios. Otras, están abiertas a que cada músico les aporte su propia visión.

-Alguna vez contaste que Charly recordaba que vos de chico le dijiste que él en la época de Sui Generis hacía cancioncitas en sol mayor. Y eso que llamabas cancioncitas podía ser Confesiones de invierno, un tema que luego homenajeaste en tu repertorio ¿Por qué no son tantos los artistas que se atreven a salir del sol mayor?

Ese comentario fue una provocación de un chiquilín insolente. Yo crecí tocando las canciones de Sui Generis con mis amigos en la esquina de mi casa, tienen un valor emocional altísimo para mí.  Además de ser canciones hermosas, profundas y brillantemente escritas. Pero ya sabemos que, cuando los chicos crecen, necesitan separarse de sus padres y sus mentores para desarrollar su propia personalidad. A los diecisiete años yo había descubierto el jazz y pensaba que iba a salvar el mundo! Y lo de las "cancioncitas en sol mayor" era una mojada de oreja. Al mismo tiempo, esa rivalidad y ese desafío de nueva generación que inyecté en Serú Girán, donde yo era 10 años menor, en promedio, y casi un desconocido en medio de consagrados, hizo que el grupo explotara creativamente. Con Charly, hoy, nos reímos al recordar esas anécdotas. Y hace ya un rato largo que no tengo la inseguridad de la adolescencia y lo reconozco y honro como uno de los más grandes artistas que dio nuestro país, en cualquier rubro.
En cuanto a "salir del sol mayor", no habría por qué hacerlo. La profundidad, la belleza y el alcance de una obra no dependen de su complejidad ni del virtuosismo en la realización. Se puede comunicar una idea poderosa y conmovedora con pocos elementos y una técnica rudimentaria. Pero hay que tener sangre de artista en las venas y algo hondo para decir. Si no, no vale gran cosa.

-  Hace relativamente poco se conmemoraron los treinta años de la muerte de Borges. En el 2000 hiciste un disco musicalizando los poemas del autor de El Aleph. ¿mo recordás esa experiencia?

Fue un gran honor que me convocaran para hacerlo, y un hermoso desafío artístico. Fue un trabajo muy fluído, donde la creatividad brotó libre y espontáneamente. Y es que no todos los días se trabaja con un letrista tan bueno.
Lo estrenamos en el Teatro Colón el día del centenario del nacimiento de Borges, el 24 de agosto del '99, y lanzamos el CD al año siguiente. Hubo participaciones magistrales de Mercedes Sosa, Rubén Juárez, Víctor Heredia, Jairo, Lito Vitale y el grupo A.N.I.M.A.L.
Este año vamos a lanzar, finalmente, el DVD del concierto. Después de buscar denodada e infructuosamente la grabación que había hecho en su momento Canal (á), decidimos restaurar una cinta VHS que grabé yo mismo de la transmisión por cable, porque el registro de esa noche no merecía estar perdido. Lo está editando y procesando Ariel Hassan, así que está en las mejores manos.

-  En Contraluz, el tema que da nombre al disco, cantás: Cuando el corazón anda sin dueño, los ojos no ven personas sino sueños”. Si recorrés tu carrera, ¿todavía te quedan muchos sueños por cumplir?

El principal sueño era emocionar e inspirar a la gente de la misma manera que mis héroes musicales lo hicieron conmigo. Recibo tantas lindas muestras de que eso se logró, que podría decir con confianza que el sueño está cumplido. Y al mismo tiempo, el desafío recomienza cada vez que enfrento la hoja en blanco, entro a un estudio o subo a un escenario. Hay que dejar el alma en cada nota, cada vez, hasta el último día.

-  Por último, si aquel niño que con seis años pidió que le compraran Revolver de Los Beatles se encontrara con este hombre que sos hoy, ¿mo creés que lo vería? ¿Qué le diría?


Qué buena pregunta... Lo imagino y me emociono. Creo que el pibe se asombraría y pensaría "guau, este tipo está haciendo todo lo que yo quiero hacer cuando sea grande", pero, como ya sabemos, necesitaría hacer su parricidio simbólico y tal vez me diría: "muy lindo todo, pero... ¿no se le ocurren cosas mejores?" 

Publicada originalmente en la revista Quid, noviembre 2016.

lunes, 24 de octubre de 2016

Entrevista a Pablo Ramos: “Cuando la realidad es dura, al transformarla en ficción corrés el riesgo de prostituirla”


Nando Varela Pagliaro

“El otro día iba camino a lo de mi hija y uno en la calle me grita: “¡Locura! ¡Tomá, una de la mejor!” y me la regala. Llamé a mi padrino.
-¿Qué hacés?.
- La tengo en la mano.
- ¿Pero vos sos pelotudo que la agarraste?
- Y, es un regalo.
- Sí, un regalo del diablo, boludo.
- Loco, no la puedo tirar.
No me la metí, pero no la podía tirar. Tenía en la mano lo que me había cagado la vida y no lo podía tirar. Por eso Baudelaire me chupa un huevo porque no le creo nada. ¿Qué paraíso artificial? Infierno artificial. Porque cuando yo la fui a comprar, la fui a comprar eligiéndola. Nadie me la puso. Mi mamá no se drogó en el embarazo. No me puso droga, me ponía café con leche arriba de la mesa. 
Al final vino el Ruso, un amigo de La Paternal y la tiramos, pero yo dije: “Boludo, se la hubiéramos regalado a alguien”. Me miró y me dijo: “¿vos te escuchás? Escuchate, porque está hablando la enfermedad”. La enfermedad habla. Eso viene del alma, no viene de otro lugar. También está la obsesión. ¿Cuál es la obsesión? Una rayita. Si me tomo la raya, está la compulsión y después el egocentrismo. Pero yo iba camino a ver a mi hija. Entonces, mi amigo me pregunta: “Si te tomás una raya, ¿seguís camino a ver a tu hija?” Ni en pedo, le digo. Entonces qué hago, pienso en ella. Si me falla, caigo. El gran enemigo del adicto es la culpa. La culpa te hace seguir consumiendo”.
El que habla es Pablo Ramos, uno de los pocos autores que cuando escribe, cuando da una nota o toca con su banda, siempre  muestra hasta sus vísceras. Nunca tiene miedo al qué dirán. Es tan auténtico e intenso, como los siete libros que lleva publicados. En el último, Hasta que puedas quererte solo, estructura su relato a partir del Programa de los Doce Pasos de Alcohólicos Anónimos y con una potencia literaria desgarradora describe cuánto duele descender al infierno de las adicciones. Sin guardarse nada y con una mirada profunda, revela desde adentro lo que la droga da y sobre todo, lo que quita.


-En tus libros siempre hay muchos datos autorreferenciales, pero este es el primero en el que vos mismo sos el personaje. ¿Por qué quisiste desnudarte tanto?

-Cuando la realidad es dura y muy significativa, al transformarla en ficción corrés el riesgo de prostituirla. Si la ficción que lográs es menor de lo que fue la realidad, no tiene sentido. Por eso, estas crónicas merecían que llevaran mi nombre real porque toda la gente sobre la que escribo, también figura con su nombre real. Me expuse tanto que en la tapa hasta puse una foto mía con mi hermano. Yo soy el más rubiecito de los dos nenes. Mis piernas no logran verse en la foto porque falló la cámara. Como si el destino ya lo supiera, van a andar un solo camino y uno va a ser la sombra del otro. Cuando mi hermano está bien, yo estoy mal y cuando yo estoy bien, mi hermano está mal. Por otra parte, este libro, de algún modo, reivindica la figura de mi padre que traté con tanta dureza en La ley de la ferocidad.

-En este país en el que nos encanta poner etiquetas, ¿te preocupa la lectura que se pueda hacer del libro?

- No me preocupan las etiquetas. El otro día me llamó un tipo de una radio y para presentarme dice: “vamos a hablar con Pablo Ramos, adicto, también guionista”. Ni escritor dijo. Cuando termino de escuchar la presentación, el tipo repetía: “Hola, ¿se escucha?” Y yo no decía nada. A los segundos le respondo: “Disculpá, lo que pasa es que me estaba inyectando. Lo primero que hago es inyectarme heroína porque antes que nada soy es un adicto, ¿no?”. El tipo me pide perdón y que le cuente mi novela. “Te cuento”, le digo y empecé a hablarle de La ley de la ferocidad. Hasta que me canso: “Para la próxima, aunque sea, sacale el nylon y leé la contratapa para hacerme una entrevista”. Que ese tipo me rotule, me importa muy poco. Me podría llegar a preocupar algún enemigo literario que tengo, pero tampoco me preocupa porque el libro se sostiene. La prueba es que la primera edición se agotó sin hacer ni una sola nota de prensa.

-¿Querés decir que si un libro es bueno, el periodismo sirve de poco?  

-Sirven de poco cuando le dan con un caño a un libro. Ojalá la crítica se dedicara a hablar solo de los libros que le gustan.

-En cuanto al proceso de escritura, ¿este libro te costó todavía más que la Ley de la ferocidad?

- Este libro me costó muchas recaídas de mi hermano y mías. Por eso tardé tanto en publicarlo. No estaba seguro si estaba haciendo algo valioso o estaba escrachando a mucha gente que quiero.

-Ahora que está en la calle,  ¿qué devolución recibiste de tu entorno que forma parte del libro?

- Ellos sienten que el libro les dio una voz y están tan contentos que hasta se lo regalan a otros diciéndoles que están adentro del libro. Además, no elegí gente que tomaba merca y salía a robar, sino que  escribí sobre los que se drogaban porque buscaban calmar un dolor.
   
-Me acuerdo que la primera vez que charlamos, hablamos mucho de Maradona y los puntos de contacto en la historia de vida de ambos. En una de las tantas frases de Diego, él dice “qué jugador hubiera sido si no se drogaba”. En tu caso, ¿pensás qué escritor hubieras sido sin la droga?

-Diego lo dice porque jugó drogado. Yo no tengo nada publicado que haya escrito drogado. Todo lo que escribo borracho o drogado es un desastre. Creo que me rescaté a tiempo. Mi cabeza está tan o menos entera que la de cualquiera. Además supongo que entre los dos hay distintas maneras de tomar. Yo empecé a tomar porque tenía dos laburos y quería quedarme despierto para poder leer o escribir. Durante dos años leí como un loco. Leía más de seis horas por día. Por suerte en esa época no podía comprar diez gramos de cocaína, compraba solo uno. Después la adicción te va atrapando y por eso terminé como terminé. Cuando tuve la empresa y ganaba tanta guita, tenía un kilo de merca en la caja fuerte por las dudas.

- En el libro decís algo así que como  “el que tiene el bolsillo lleno tiene la razón o al menos los demás le dan la razón”. Ahora que ya no sos empresario y te dedicás solo a la literatura, ¿sigue siendo igual tu relación la plata?

- Todo sigue siendo igual. Yo no cambié en nada, las personas no cambian, nadie cambia. Mi relación con la guita sigue siendo tan promiscua como antes. Ahora, tal vez tengo algunas herramientas más. Si estoy sobrio al momento de elegir, puedo elegir tomarme un vino, tomarme una raya o elegir no hacerlo y llamar a alguien. Por eso siempre es “solo por hoy”. Ante la tentación, siempre se habla de dejar la droga para mañana, total el puntero ya sabemos que va a estar ahí, siempre esperando. Yo lo que hago es tratar de armarme planes. Por suerte mi hija Antonia vino a mi vida y fue una especie de centro al pie que me tiró el universo. Ella es la luz de mis ojos. Además la soñé mucho. En una de las canciones que le escribí lo digo: “una vez te soñé, una vez te creí ver”. Ya le hice tres canciones. Estoy enamorado de ella. En mis sueños aparecía una voz y me decía “estoy llegando, ¿cómo me vas a encontrar?” Y yo decía: “limpio” y me despertaba.

-En el libro pareciera que la única salida posible es la fe, la religiosidad, ¿es así?

-Es importante el trabajo espiritual y la fe, pero no tiene porque ser la fe en Dios. Puede ser la fe en algo, en Narcóticos Anónimos, en un programa de doce pasos, la fe en un padrino que vos elegís. Yo tengo uno con quince años de recuperación. Si uno tiene fe en su padrino, lo que él piensa es más sano que lo que piensa uno. Yo pensaba al revés, decía: “Me drogo porque me quedé sin laburo, me drogo porque mi mujer me dejó”. Hasta que vino Mario C. y me dijo “a vos te echaron del laburo porque te drogás y tu mujer te dejó porque te drogás, vos pensás al revés”.

-“La ayuda no llega si no se pide”, decís en el libro. ¿Te costó pedir ayuda?

-Claro, porque lo más difícil es pedir ayuda todo el tiempo, pedir ayuda cuando uno está bien. Porque una vez que consumiste, ya no sirve la ayuda. Hoy tengo apenas siete meses limpio y es un montón. Mantenerse limpio implica un constante examen de uno mismo. Los grupos son contención, no es un tratamiento. Aparte está la terapia que es fundamental para salir.

-Para salir hay que tener a qué aferrase. ¿Cuáles son esas cosas a las que te aferrás?

-Hoy me aferro a mi hija Antonia, a un par de compañeros y a la escritura. El libro dice que es hasta que puedas quererte solo y yo ni en pedo me quiero solo. Apenas aprendí a no odiarme solo.

-¿Qué pensás que se podría hacer desde el gobierno?

-En Ámsterdam hay una plaza en la que te vienen a inyectar la heroína o la codeína. También te dan un folleto en el que te muestran que podés salir de eso. Desde el gobierno deberían mirar el problema más de frente. Pero la realidad es que más avanza este gobierno y más kirchnerista soy. Es cierto, en salud Cristina no hizo tanto, pero daba el contexto para que si seguía un proyecto así, en algún momento se miren estas cuestiones. Es increíble que la solución a estos problemas esté por fuera de entes gubernamentales. En televisión ni siquiera se ven anuncios de NA o AA. Los pocos que vi, los vi en la época de Cristina en Canal Siete. Alguna vez habría que hablar realmente de la legalización de las drogas, pero con este gobierno dudo mucho que esto pase.

-Por último, ¿qué te gustaría que pase con el libro?


-Me gustaría que me llamen para hablar, que vaya más por el camino de las drogas que del de la literatura. Con que ayude a uno solo, ya me alcanza.

Publicada originalmente en Revista Quid, octubre 2016.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Entrevista a Guillermo Martínez:“Para mucha gente sigo siendo un matemático que un día decidió ser escritor”


Nando Varela Pagliaro

Guillermo Martínez acaba de publicar La razón literaria, un libro que reúne ensayos, artículos y algunas conferencias que el autor de Crímenes imperceptibles dio en los últimos años. Un mediodía de otoño, nos encontramos en un bar del barrio de Colegiales para hablar del estado de la crítica, de los escritores de culto, de Borges como tema inagotable y de las similitudes entre el tenis y la literatura, temas alrededor de los cuales orbitan sus ensayos. 

-De algún modo La razón literaria es una continuación de La fórmula de la inmortalidad. ¿Qué cambió de tu forma de ver y entender la literatura desde aquel libro a éste?

- Las ideas y los clichés que pongo en cuestión responden a una línea que desde lo académico baja a los suplementos culturales, pero que no necesariamente está en discusión de forma horizontal en la literatura argentina. Sobre todo, a partir de la aparición de muchas editoriales independientes y del surgimiento de otras maneras de comunicarse entre los escritores y sus lectores. Ya no hay tanta mediación de la crítica dominante con respecto a lo que se hace y a cómo se valora lo que se hace.  Han surgido otros modos de validación y otros modos de intervención, lo que hizo que hoy los suplementos culturales hayan perdido algo de fuerza y centralidad.

-Esos cambios que nombrás, ¿te parecen positivos o negativos?

-En algunos casos positivos, porque hay una mayor libertad, tanto para escribir en cualquiera de las estéticas que se elijan como para publicar. En otro sentido, extraño algo que tiene que ver con la formación literaria o la posibilidad de cotejar estéticas en base a lo que lecturas anteriores conectan con lo que se hace ahora. Me parece que se perdió ese vínculo. Ahora no necesariamente lo que se escribe lleva en sí una reflexión literaria sobre lo que ya está hecho en tal o cual campo. Muchas veces, cuando uno lee parece como si fuera una literatura de circunstancia, una literatura confesional, muy ligada al aquí y ahora, y a mí me interesa más la forma en que la literatura se conecta con lo que se ha hecho anteriormente.

-En algún punto, ¿no es bueno olvidarse de la tradición a la hora de escribir?

-Sí, cuando lo que aparece es original. La espontaneidad tiene el problema de que muchas veces no tiene ningún tipo de hondura y repite sin saberlo cosas que ya están dichas mil veces. Por eso yo diferencio en el libro el concepto de lo de nuevo del de lo original. Lo interesante tanto en ciencia como en literatura es el concepto de lo original, que es lo nuevo que se mide con lo anterior. Yo apunto en mi interés a esa clase de literatura; la que tiene en cuenta el peso de lo que ya se haya hecho para intentar decir algo, que de algún modo lo tenga en cuenta y dé un paso más allá. Lo nuevo por lo nuevo en sí, me parece que muchas veces se queda en un intento efímero, sin peso, sin valor, que uno inmediatamente reconoce que ha sido intentado otras veces en otros sentidos. No soy un fetichista de lo nuevo.

-En el libro, hablás mucho de la importancia de la imaginación ¿No creés que desde lo real o desde la llamada no ficción también se puede hacer buena literatura?

-Sin duda que se puede hacer una gran novela basada solo en datos reales, pero es un tipo de literatura que no me interesa. Porque es una literatura en la que es muy difícil encontrarse con la invención de algo inesperado, de algo que no se corresponda con lo prosaico y con lo realista. A mí me interesa una literatura que tenga un pie en la realidad pero que sea algo que uno con los sentidos habituales y con el conocimiento testimonial no hubiera alcanzado, algo que se rija por otra clase de leyes.

-También hablás de Aira y de lo que él postula acerca de la novela, la trama y los personajes. Fabián Casas en uno de sus Ensayos bonsái dice que César Aira le terminó haciendo mucho mal a la literatura, ¿pasó algo de eso?

- Aira es una voz y una línea interesante en la literatura contemporánea. En cuanto a sus novelas,  rescato la parte de la imaginación. Lo que sí creo que ha hecho daño en la crítica argentina, ha sido cómo ha pasado a convertirse en dominante las ideas de Aira sobre la literatura. Me parece que la suya es una línea posible, pero que no puede ser un imperativo categórico para toda la literatura argentina. Que una literatura se convierta en la única posible dentro de un mundo cultural, es una idea que a mí me preocupa y con la que discuto a lo largo del libro.

-¿Por qué Aira terminó influyendo tanto en las nuevas generaciones de narradores?

-Porque el otro modelo, el de Borges, que está muy presente en la literatura argentina, tiene una cantidad de dificultades mayores. Es una literatura erudita, que justamente recoge y lleva en sí tradiciones literarias enteras. Cada cuento de Borges es muchas veces una especie de reunión o condensación de cantidades de fuentes literarias, que es también muy exigente en cuanto a la escritura. Basta ver cómo adjetiva o la forma obsesiva con la que corrige. Borges es un ejemplo intimidante para quien quiera escribir. En cambio, el modelo de Aira es mucho más cercano, por eso tiene tantos imitadores. Ni siquiera necesita seguirse con consecuencia una trama, porque hay algo así como un escudo teórico que les da el título de vanguardistas. Entonces es una clase de novela que no tiene demasiadas exigencias en cuanto a la escritura. Aira ha mostrado que se puede hacer literatura de manera muy simple.

- En Aira y en muchos escritores se nota detrás una construcción de la imagen del escritor, ¿pensás en la construcción de tu imagen?

- La imagen no creo que sea algo que dependa de uno. Yo escribo desde los ocho años, a los catorce participé en mis primeros concursos y publiqué mi primer libro antes de los dieciocho. Sin embargo, para la inmensa mayoría de la gente sigo siendo un matemático que un día decidió ser escritor. Son como marcas que el público elige para etiquetar a los escritores. En el fondo hay una especie de gran comodidad o pereza intelectual. A la gente no le gusta leerse la obra entera de un escritor y detectar todas las variantes, prefiere identificarlo con uno o dos libros, uno o dos adjetivos. Conti va a ser el escritor desaparecido durante la dictadura, a nadie se le ocurre ver todos los vaivenes o matices que tiene la obra de Conti. Walsh va a ser el escritor que escribía novelas policiales hasta que un día despertó a las ideas revolucionarias, a nadie se le ocurre ver literariamente cuál es toda la complejidad de Walsh. Entonces los escritores quedan identificados con esos pocos clichés. Eso yo también le critico de algún modo a la mirada académica, porque en general en la crítica académica se discuten nombres, en lugar de discutir cuál obra de cada nombre. Ricardo Piglia para mí no es un nombre, hay una variedad de líneas dentro de la obra de Piglia.

-Hablás de distintas líneas dentro de un escritor. En tu caso, es muy claro; por un lado están las novelas y los cuentos y por otro, la vertiente que tiene más que ver con el ensayo. ¿Estos libros también los leen los lectores de tus novelas?

- Estos libros los leen únicamente las personas que tienen interés no solamente en la literatura sino en esta parte casi recóndita que es la discusión de estéticas literarias. Son libros que se leen muy poco con respecto a lo que son los libros de ficción, pero a mí me interesan igual como línea de pensamiento, de reflexión.

-¿Está ausente la reflexión en la literatura, que cada vez hay menos debate o diálogo?

-Hay algo peor que eso, hay algo así como un debate en silencio por el cual se aceptan o rechazan obras del canon sin exponer nunca los argumentos. De algún modo, hay unas obras privilegiadas que ingresan a los estudios universitarios, pero nunca queda en claro cuáles son los valores que se toman en cuenta. En el acto de elegir cuál es el adentro y afuera en cada ámbito, cuando se decide qué novela reseñar en un suplemento cultural y cuál no vale la pena, hay una crítica de valor. Tanto en el mundo académico como en el mundo del periodismo cultural, se ejerce una crítica de valor que no osa decir su nombre.

-Hablabás de Borges, ¿cuánto se puede seguir escribiendo sobre él?

-Como tema, es tan infinito como cualquier otro tema, yo creo estar llegando a mi propio límite. Pero es verdad que cada diez años releo su obra y es un estímulo permanente. Hay un pequeño verso de Manuel Mujica Láinez que dice algo así como “no importa cuánto te esfuerces, ni la ilusión que te forjes, lo mejor que hayas escrito, antes ya lo escribió Borges”.

-En uno de los ensayos escribís sobre los escritores de culto, ¿no pensás que en algún punto todos los escritores terminan siendo de culto, que la literatura es cada vez más un fenómeno de culto?

-Totalmente. Pero aún así siempre me refiero al pequeño mundo de los lectores sofisticados. La categoría de escritor de culto tiene sentido en el mundo de los lectores que van a las librerías de viejos, que se forman su biblioteca, que están interesados en la perla oculta, que se susurran de boca en boca el nuevo nombre secreto. Hay una cofradía en cada país de la búsqueda de los autores con los que uno puede fanfarronear. A esa sub-categoría me estoy refiriendo, que muchas veces lleva a la luz y descubre nombres extraordinarios.

-Pero una vez que es descubierto por todos,  ahí ya deja de ser tan buen escritor.

-En general sucede eso y ha pasado muchas veces en la historia. El propio Javier Cercas era un escritor de culto hasta que tuvo su primer éxito y claro, ahí se convirtió en un escritor malo.

-En otro de los ensayos, hablás de tu relación con el tenis, ¿podrías hacer un paralelismo entre ser tenista y ser escritor?

-Hay un paralelismo respecto a la cuestión de la técnica y lo espontáneo o lo inspirado. Yo he escuchado a escritores consumados que dicen “escribí mi primera novela en medio de una cantidad de deliberaciones, cálculos, balances, correcciones y ahora la segunda la quiero escribir como me salga, que fluya”, con la idea de que lo espontáneo es mejor. Hay una especie de mito de que cuando uno menos piense, cuando uno le de libertad al inconsciente, o cuando uno se pinche las venas con la lapicera y escriba con sangre de las entrañas, mejor. Ahí me parece que sí hay una buena analogía con el tenis, porque en el tenis lo más importante es poder incorporar la técnica de tal forma que en el momento del juego no sea algo en lo que uno tenga que pensar sino que se convierta en algo instintivo. ¿Quién es más libre, el jugador que recién comienza y solo le puede pegar a la pelota de la misma manera, o Roger Federer que ya le pegó mil millones de veces de todas las maneras posibles y cuando va a un partido instintivamente ya sabe cuál es la mejor elección y puede hacer lo que quiera con naturalidad porque absorbió la técnica? Otra analogía tiene que ver con la lectura y el tenis. Para mí la lectura es una cuestión de balance entre lo que tira el escritor y lo que puede asimilar y devolver el lector. No es exactamente que el lector completa, sino que además debe tener el suficiente nivel como para hacer una empatía con aquello que está sugiriendo el autor. Se parece también al tenis en el sentido de que es interesante cuando los dos contrincantes son parejos, sino no funciona.  

-En otro de los ensayos te referís a los escritores que un momento dijeron basta y dejaron de escribir, ¿imaginás tu vida sin la escritura?


-Tengo en carpeta una cantidad de libros pensados. Es verdad que a medida que uno escribe, se vuelve más difícil escribir y sostener la concentración. Hasta ahora, siempre que empecé un cuento, una novela, traté de terminarlos, por lo que confío en que esas ideas que tengo en carpeta las pueda intentar. Ya son suficientes para ocuparme varias décadas, que no sé si tendré por delante. 

Publicada originalmente en Revista Quid.

martes, 6 de septiembre de 2016

Entrevista a Luis Chaves: Frente al espejo del tiempo


Nando Varela Pagliaro

La obra de Luis Chaves incluye varios géneros. Lleva ocho libros publicados. Dos de narrativa, una novela y cinco de poesía que acaban de ser reunidos en Falso documental (Seix Barral). Además, es considerado uno de los escritores contemporáneos más importantes de Costa Rica y su obra ha sido traducida al inglés, alemán, holandés, italiano y esloveno. En esta conversación vía correo electrónico, entre otras cosas, hablamos de la escena literaria de su país, de los prejuicios en torno a la poesía y de la importancia de los géneros literarios.

- En el prólogo de Falso documental decís que volver a releer tus libros fue una experiencia perturbadora, ¿qué tuvo de perturbador reencontrarte con tus textos más viejos?

Con la generosa e inesperada propuesta de la editorial me sentí halagado a la vez que pensé que era muy sencillo: buscar los PDF de cada libro, ponerlos uno detrás del otro y listo, poesía completa. Estaba equivocado. Antes que los archivos digitales, leí los libros, los impresos. Empecé con Los animales que imaginamos, un libro que saló en 1997 en Costa Rica y en 1998 en México. Digo las fechas porque para que entendamos que los textos que venían allí adentro fueron escritos de uno a dos años antes y muchos de los cuales nunca había vuelto a leer completos después de escritos. 1995, 1996, parecen años de otro mundo, de otra vida. Me empecé a sofocar. Y aunque algo de lo que cuento tiene que ver con lo que Luis Chaves de 2016 piensa que es "bueno" en un poema, hablo en realidad de algo más importante: fue reencontrarme con esa persona que fui. Es decir, fue pararme frente al espejo del tiempo. Allí pasé del pudor a la resignación. Me dije: ese sos vos de entonces. Allí también empecé a desdramatizar la situación. Le vi el otro lado, con la lectura de ese libro y el siguiente, empecé a ver a todas las personas, los lugares y los momentos que están en cada texto, en cada libro.

- El título del libro implica que detrás de lo documentado, de lo escrito, hay una cuota de falsedad, de mentira. Sin embargo, al leer tu poesía uno tiene la sensación de que hay mucho contenido autorreferencial. ¿Con qué tuvo que ver la elección del título?

- El libro lleva el nombre de uno de los textos de un libro que publiqué en 2011, Monumentos ecuestres. El texto en cuestión es una prosa de un par de páginas que inició como una carta después de una separación. Ese fue el detonador anecdótico, circunstancial, pero como sucede siempre, tomó otra dirección. Fue una especie de paneo sobre todo un periodo. Entonces vivía, por cierto, en Villa Crespo. El repaso que hace el texto tiene que ver ya no con sucesos, sino más bien con preguntas. Es decir, pasa de las personas a los conceptos. El texto original tiene un subtítulo, a partir de "Esta es la nueva canción de la que te hablé hace 20 años" de Badly Drawn Boy. Un gran título de canción ¿no?

- En “Las mujeres de la casa” decís: “Esto era más largo. Contaba cosas que no le importan a un poema”. ¿Qué es lo que verdaderamente le importa a la poesía?

-Ese poema del libro Iglú se redujo a unos versos, el primer borrador tenía dos o tres páginas. No podría decir con certeza qué le importa a la poesía, sin duda eso nos mantiene escribiendo. En ese texto en particular, creo, lo afirmo como esos casos donde se pregunta con una respuesta (al revés de lo conocido, quienes responden con preguntas).

 -Tu poesía y tu narrativa van por carriles muy similares. ¿Cómo decidís qué va a ser un poema y qué un texto narrativo?

-No hay un modo exacto, como decía aquella canción. He usado en narrativa fragmentos que primero fueron poemas. Y en poesía, pasajes que saqué de textos narrativos. Hay algo de principio del Lego, me refiero al juego de bloques de construcción. Alguna vez que un autor se preocupaba por el autoplagio, me sorprendió que se pudiera pensar así. Eso por un lado. Por el otro, creo que en realidad me estás preguntando sobre la materia prima (para la poesía o la narrativa) y en ambos casos, vienen del mismo lugar. Luego pasa que un impulso de escritura se extiende más que otro. Se acomoda diferente, pide más o menos aire. Y sucede también que uno patina, que le da el formato equivocado, la horma que no era. Como meter el pie izquierdo en el zapato derecho.

 -¿Pensás que cada vez tiene menos sentido seguir hablando de géneros literarios?

-Las categorías, las agrupaciones, la taxonomía, tienen otra utilidad, facilitan otras cosas. Tampoco creo que pierdan sentido en términos generales. Lo que sí es cierto es que muchos autores no parten de allí para escribir. O directamente no se lo plantean. Luego viene el momento con el editor, ¿y esto qué es?

 - “Las poetas hacen fila en la disco gay”, dice otro de tus versos. ¿creés que todavía hay cierto prejuicio en torno a la poesía?

-No creo. Lo que tiene la poesía es pocos lectores. Y está bien, es así. Es raro que alguien lea poesía si no la escribe también.  Me refiero a la poesía publicada como tal, con la categoría "poesía". Porque ya lo sabemos, la poesía está en todas partes.

 - “Termino de escribir esto que le debía a varias personas. Es tarde y hubiera querido hacerlo mejor. Pero es lo que hay”, escribís en un pasaje de Salvapantallas. Pedro Mairal dice que “escribir  es algo que va a suceder mejor, más adelante”. ¿Estás de acuerdo? ¿qué es escribir para vos?

-Comparto lo que dice Mairal. Va en la línea de que uno va haciendo lo que puede, lo mejor posible. Y eso no es suficiente, por supuesto. En mi país, como en cualquiera, hay unas batallas campales entre escritores que defienden una u otra forma de escribir. Por supuesto que tuve hormonas literarias cuando joven, pero ya pasó. No me meto ahí, no tengo el carácter para ir a defender algo que apenas estoy aprendiendo a hacer. Algo que no sé bien para dónde va. Algo que me hace bien y mal al mismo tiempo. Y con "mal" no me refiero al cliché del escritor que sufre, esa postura más bien juvenil. Para nada. Aquí digo mal para decir que me mantiene en eses estado constante de insatisfacción, de "la pegué en el palo".

- El primer fragmento de Salvapantallas cierra con una línea muy graciosa: “¡Mirá, ma, mirá!¡Estoy escribiendo un libro! ¡Ahora sin manos!” ¿Cuánto pensás en el lector a la hora de sentarte a escribir?

-Hay tres o cuatro personas a las que les paso los borradores de lo que hago. Dos de esas personas no son escritores/as pero son muy cercanas y me resulta interesante su modo de ver las cosas. Su opinión es tan importante como la de las que sí escriben y les muestro los borradores. Mentiría si digo que escribo solamente para mí. 

- Nacho Iraola de Planeta se refiere a vos como el “Fabián Casas tico”. En la obra de Casas, el barrio y la infancia tienen un lugar central, en la tuya, ¿qué lugar ocupan ambas cosas?

-A Fabián además lo conozco desde fines de los ´90. Ya conté alguna vez que cruzamos, antes de conocernos personalmente, cartas escritas a mano. En Salvapantallas hay un pasaje donde voy con él y su padre a la cancha. Es, como otros amigos de Buenos Aires, parte de lo que llamo mi familia molecular (la familia ampliada vendría a ser). Hay, claro, puntos de contacto con Fabián. También tengo como materia prima todo lo que está cerca. Hay poemas de Fabián que he compartido con gente que me importa mucho.  Luego está, también, el universo que es propio a cada autor, y más que a cada autor, a cada vida. 

- Viviste en distintos países. De hecho del 2003 al 2006 te instalaste en Villa Crespo, ¿qué extrañás de tus días en Buenos Aires?

-Extraño, primero, a los amigos y amigas. A esa gente que te digo que es parte de mi familia molecular. Luego, la vida de ciudad grande, de metrópoli. Sé que ustedes son muy críticos con su propio lugar, es lo normal. Pero yo veo Buenos Aires a través de los ojos de alguien que viene de un lugar diminuto. Siempre queremos lo que está más allá, al otro lado de la cerca. Las aceras anchas, los árboles en plena ciudad, la pasión para todo (que sería lo bueno y también lo malo de Buenos Aires), la carne por supuesto. Pero vuelvo al inicio, hay algo de los argentinos que cuando se hacen tus amigos es para siempre. Y si no es así, yo tuve suerte porque esa ha sido mi experiencia.

- Si no tengo mal entendido, sos el primer autor de Costa Rica que es editado en un sello tan prestigioso como Seix Barral. ¿Por qué es tan poco lo que se conoce de la escena literaria de tu país? ¿qué autores deberíamos conocer?

-Este es un lugar muy pequeño. Cuando el mundo puso la mirada en Centroamérica (guerra de los ´80) Costa Rica estaba del lado de los malos, participamos del conflicto centroamericano de forma contradictoria, por un lado solidarios; por otro, traidores. No hay ejército, no hay guerras, hay poco atractivo para el mundo mediático y para el editorial. Es un país fuera de los radares.  

- Usás Twitter, Facebook, seguís administrando tu blog. ¿Cuál es tu relación con las redes sociales? ¿te sirven como motor de inspiración o de distracción?

-Soy muy disperso. No me ayudan mucho. El blog, que abrí en el 2004 como una especie de libreta de apuntes, se fue convirtiendo en un lugar para anunciar publicaciones o lecturas o talleres, poco más que eso. En Facebook tengo solo una fan page, la peor forma de Facebook tal vez. Es sólo un lugar para anunciar lo mismo del blog: publicaciones, etc. Twitter es otro soporte para la escritura, hay un personaje-de-twitter, cierto carácter que uno le confiere. No es uno, no soy yo, claramente. Pero me gusta ese personaje a veces provocador, a veces ridículo (que viene a ser cosas parecidas); otras veces, las más, inocuo que se ejercita en ese plano efímero.

  - Aunque Abelardo Castillo dice que preguntarle a un escritor qué está escribiendo es obligarlo a mentir, luego de Salvapantallas, ¿qué viene? ¿estás escribiendo algo?
 

Mintamos: viene otra novelita (siempre corta) y más poesía.

Publicada originalmente en Revista Quid.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Entrevista a Mario Riorda: "Macri terceriza la construcción de su mito de gobierno en algunos medios"


Nando Varela Pagliaro

No es fácil coordinar una cita con Mario Riorda. Su trabajo como académico y consultor político, lo llevan a estar cerca de trescientos días por año fuera de su casa. De hecho, en su perfil de Twitter, aclara que su lugar de residencia es “donde haya aeropuertos”.  Vía mail, me cuenta que a fines de julio vendría a Buenos Aires para el V Congreso Internacional de Comunicación Política y Estrategias de Campaña que organiza la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Campañas Electorales. La noche anterior a que comience el Congreso, finalmente logramos encontrarnos en un hotel céntrico, a metros de la Plaza San Martín. Hacía  apenas unos minutos que había aterrizado su vuelo, proveniente de Washington, pero  a la hora pactada, el consultor cordobés  me esperaba con su notebook abierta en una de las mesas del silencioso bar del hotel.
Más allá de sus múltiples actividades como académico y asesor, Mario siempre encuentra tiempo para escribir. A la fecha, lleva doce libros publicados. En el último, Comunicación gubernamental en acción (Editorial Biblos), junto con otros quince especialistas, elabora un mapa de cómo se construye la gobernabilidad a través de los mitos de gobierno. En esta conversación tomamos como referencia su reciente trabajo para hacer foco en la comunicación del gobierno actual.

-¿Se puede gobernar bien y comunicar mal?

- Es evidente que no toda comunicación es política, pero en cambio toda política sí se presenta y se representa a través de un formato comunicacional. En el caso de lo gubernamental, a mí entender la subespecie más importante de la comunicación política, tiene como funcionalidad la construcción del consenso. Si un gobierno no construye consenso y la comunicación aporta a esa construcción, diría que se trata de un problema político. En esta hibridez epistemológica que representa la comunicación política, cualquier problema que pudiese evidenciar la comunicación, nunca trae efectos comunicacionales puros, sino efectos políticos concretos. 

-El gobierno actual prioriza el uso de redes sociales por sobre los medios tradicionales,  ¿cuáles son los riesgos de manejarse de este modo?

- Cambiemos se está convirtiendo en una especie de paradigma a nivel internacional. Hay tres elementos a considerar. El primero, es que han generado una ampliación de las oportunidades de comunicación con la incorporación de nuevos tipos de medios. El segundo elemento tiene que ver con que el gobierno piensa a la convergencia, que es la posibilidad de diseminar un mensaje por múltiples canales, solamente en el mundo digital y le resta importancia a los medios convencionales. Por otra parte, se decía que Cambiemos no hacía publicidad y de golpe lanza una campaña bajo el slogan “Todo es posible juntos”. Esta publicidad, que casi tiene la estética del gobierno anterior, intenta mostrar que se gobierna para todos porque uno de los riesgos más importantes que tiene la percepción pública de este gobierno es que se gobierna para los que más tienen. El tercer aspecto, tiene que ver con el modo de usar esa tecnología. Cuando uno imaginaba un gobierno que iba a pensar en la tecnología para gestionar mejor, se evidencia que al igual que otros, piensan en usarla como publicidad. Todo lo que ha hecho el gobierno, incluyendo las redes sociales, va generando un uso de formato de rockstar a lo Obama, con poco diálogo ciudadano. En alguna medida, lo que ahora hace el gobierno desde las redes no difiere en nada con lo que otros gobiernos hacían, pero desde la televisión.    
  
-¿Es necesario que el presidente esté en redes como Snapchat? ¿Cuánto pierde y cuánto gana al mostrarse desde una red tan informal?

- Lo que es necesario es que todos los tipos de medios se interrelacionen. En Argentina, sólo el 2,2% de la población usa Snapchat. Me parece bien que se le hable a esa gente que prioriza estas redes. Además, las audiencias siempre son migrantes y es muy difícil encontrar a un ciudadano en un momento dado en un único tipo de medio. Aprovechar la multiplicidad de medios,  habla de una muy buena lectura del gobierno para ampliar la cantidad de públicos y para entender al ciudadano migrante.

-En estos días el gobierno impulsó la cesión de datos de la ciudadanía desde la ANSES a la Secretaría de Comunicación. ¿Creés que la devoción de Cambiemos por las redes sociales lo lleva a tomar algunas medidas sin medir previamente las consecuencias?

-Creo que este gobierno tiene muchísimo de ensayo y error. Eso muchas veces es bueno porque implica la capacidad de escuchar y volver atrás. De todos modos, cuando se vuelve reiteradamente hacia atrás, ya comienza a ser un déficit como estilo. Sin embargo, en el tema puntual de la ANSES creo que hubo un problema comunicacional con un impacto político complejo. Lo más preocupante fue el modo cómo argumentaron su utilización. Del discurso de Marcos Peña se desprende que las bases de datos se iban a utilizar para comunicar cosas importantes  y para lograr un ida y vuelta con los ciudadanos. En su discurso, jamás incluyó la expresión servicio. Si el gobierno se hubiese focalizado en la idea de que esto representa un servicio, el impacto hubiera sido mucho menor.

-El hecho de que muchos integrantes del gobierno provengan del mundo empresarial, ¿les presenta más dificultades a la hora de mostrar cierta sensibilidad social?

 -Hubo varios hechos que generaron una relativa estigmatización que apuntala eso. En primera instancia uno podría decir que es verdad porque no sé si es tan sencillo sostener que alguien con patrimonio de X valor puede pensar lo mismo que alguien sin patrimonio. Por otro lado, la oposición se ha encargado de marcar que el de Cambiemos es un gobierno de ricos para ricos y convengamos que hubo ciertos elementos que ayudaron a esta construcción. Algunos de estos elementos tienen que ver con las propias medidas políticas, los tarifazos por ejemplo, pero otros con la argumentación de cara a los tarifazos. Esto va marcando un estilo que no sé si es real, pero que entre los propios hechos, lo que marca la oposición y los prejuicios, van aunando algún tipo de distancia que tal vez haga algo de ruido entre esta idea de la construcción de un discurso para todos los argentinos y esta percepción del gobierno para los que más tienen.

-En tu libro anterior exclamabas ¡Ey, las ideologías existen! ¿Se puede seguir hablando de ideologías, si el mismo votante que hace cuatro años votó a Cristina, en esta elección votó a Macri? ¿Hasta qué punto una adscripción ideológica hoy explica posicionamientos políticos?

-El voto ideológico existe, pero difícilmente podría explicar el cien por ciento del comportamiento electoral. Por otra parte, pienso que con este gobierno también se puede seguir hablando de ideología. Cambiemos había generado una especie de contrato social que consistía en mantener todo lo bueno y cambiar todo lo malo. Me parece que, aun con los déficits de gobernabilidad que presupone ser minoría en las cámaras, el gobierno va intentando cambiar todo. Lo que puede y lo que no. No es casual lo que dijeron acerca de ampliar la edad jubilatoria. Ahora eso no está en agenda, pero forma parte de esos famosos globos de ensayo que se van generando. Por lo tanto, independientemente de cuanto lo logre, el gobierno apunta a hacer cambios radicales en el giro de las políticas.
- En uno de los capítulos del libro, se analiza el gobierno de Sebastián Piñera, que también estuvo integrado por muchos profesionales que provenían del ámbito empresarial y se señala que el ex presidente chileno se vio tentado en copiar el estilo ciudadano y emocional de Bachelet. ¿Pensás que Macri tomó algo de Cristina?
-Lo que más ha tomado del kirchnerismo es la idea del rescate y confrontación con el pasado para diferenciarse fuertemente de él. Cristina se diferenció de una época neoliberal de la década de los noventa. Este gobierno se diferencia de un pasado que adquirió hasta ribetes cinematográficos en función de ciertos hechos de público conocimiento en materia corrupción. Hoy el gobierno se sostiene preferentemente en esta diferenciación con el pasado o desde la diferenciación.

-Dicen que a todo relato, le llega su “contrarrelato”. ¿Es el macrismo el contrarrelato del kirchnerismo?

-Hoy diría que es lo opuesto, pero no me atrevería a decir que es el contrarrelato porque eso implicaría reconocer mayor firmeza en el relato del actual gobierno y por ahora no creo que el de Cambiemos sea un relato firme. Aun quien odiaba al kirchnerismo, entendía claramente qué significaba el kirchnerismo. En cambio, en algunas cuestiones, todavía no queda claro qué significa Cambiemos.

-  Y desde lo comunicacional, ¿es positivo que se siga incluyendo en el discurso a “la pesada herencia”?

-Cuando trabajan sobre el pasado sí, porque sirve como elemento de resignificación. Pero cuando trabajan sobre el presente no, porque generan algo así como clichés peligrosos, sin posibilidad de cumplimiento real. El “segundo semestre” fue un ejemplo. Yo fui muy crítico del kirchnerismo cuando usó el concepto de “Década ganada”. En su momento fue decir todo es blanco, no había grises, y a la gente había muchas cosas que le gustaban y muchas otras que no. La gente no quería comprar un combo, un pack cerrado. Por eso dijo, así cerrado no lo quiero. En algunas cuestiones, este gobierno repite los mismos errores. Lo del “segundo semestre” fue exactamente igual. Te vendo un pack y en este caso ni siquiera logró ofrecerlo, fue preventa sin venta.   
 
-El gobierno anterior se ocupaba mucho de los medios y el periodismo, ¿cómo ves la relación de Cambiemos con los medios?

-Este gobierno más que a los medios tradicionales, le presta muchísima atención a los actores con incidencia en los medios. La reunión de Macri con Mirtha Legrand y con Marcelo Tinelli es un ejemplo notable de que a todo aquello que incide, le presta atención. Independientemente de esto, me parece que con la mayoría de los principales medios de Argentina, este gobierno tiene una buena relación y hasta incluso delegativa, en tanto y en cuanto permite que los medios editorialicen del gobierno muchas de las cosas que el propio gobierno no editorializa de sí mismo: terceriza parte de la identidad de la construcción de su mito de gobierno en actores con pluma propia. Eso es un riesgo porque la relación entre el gobierno y la prensa siempre llega un momento en que es tirante.

-Decías que este gobierno, de algún modo terceriza parte de la identidad de la construcción de su mito. Para Cambiemos, ¿es más difícil construir un mito de gobierno sin tener una figura histórica sobre la que asentar su relato?

- Esto puede ser una falencia, pero también una virtud, porque lo hace avanzar muy liviano de equipaje. Hacia adelante, cualquier mito de gobierno exige coherencia entre la política pública y el modelo de estado. Hoy las políticas públicas, salvo la eliminación del cepo, tienen muy poca aceptación popular. Por lo que difícilmente por ahora pueda construir un mito de gobierno. El gobierno anterior logró un mito significativo que tenía que ver con “crecimiento económico”, “políticas de inclusión social” y “políticas de identidad nacional”. En un momento se quiebra el “crecimiento económico” y el mito de gobierno empieza a trastabillar. Luego aparecen elementos de corrupción y hacen trastabillar otras políticas.  
 
-Por último, ahora que Cristina es oposición, ¿cambió en algo su estilo de comunicación?

-No,  en nada. De hecho su primera aparición pública en Tribunales fue un clásico de lo que ella hacía. Ni creo que, aun aunque al gobierno le fuese mal y ojalá no sea así, su estilo sin cambios pueda ser bueno para ella misma.

-¿Qué debería cambiar?

-Hay un criterio de escucha ciudadana que es importante entenderlo. El kirchnerismo fue muy osado, con una agenda política muy ofertista, pero sin embargo su problema de comunicación fue la monotonía. Cuando le iba bien, le iba muy bien, pero cuando le iba mal, era todo un desastre. Esta monotonía tonal es lo mismo que hoy sigue teniendo Cristina. Ella habla como si no hubiera pasado nada en la Argentina. Y pasaron muchas cosas, entre otras, hay un nuevo gobierno y no es el de ella. 

El objeto: “El MP4 representa gran parte de mi cambio de mi estilo de vida, hacia una vida saludable. Está cargado con más de cuatrocientas canciones de Hip hop, que es mi género favorito y me acompaña siempre que salgo a correr por todo tipo de ciudades del mundo”.


Biografía: Mario Riorda nació en Córdoba en 1972. Es consultor en estrategia y comunicación para gobiernos y partidos en América Latina. Fue decano de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales (UCC). Actualmente concentra su principal actividad académica en la Universidad Austral y en The George Washington University. Lleva doce libros editados. Los  últimos son Comunicación Gubernamental 360 y Comunicación Gubernamental en Acción.

Publicada originalmente en La Nación, septiembre 2016.