martes, 22 de mayo de 2012

Masterizando el disco

El disco ya está masterizado. Sólo faltan unos detalles del diseño del arte, así que en pocos días más esperamos tener todo terminado.


domingo, 20 de mayo de 2012

Con los escritores que participaron en el disco

El disco ya es un hecho, sólo nos falta masterizarlo y terminar algunos detalles del diseño. Calculamos que esta semana terminaremos ambas cosas. Luego habrá que esperar unos quince o veinte días más para tenerlo en nuestras manos. Abajo, les dejo una foto con cada uno de los escritores que participaron de este proyecto. Dentro de muy poco vamos a empezar a subir las entrevistas que les hicimos. Ojalá ustedes puedan disfrutarlas tanto como nosotros disfrutamos al hacerlas.


Con Abelardo Castillo 
Con Alejandro Dolina 
Con Reynaldo Sietecase 
 Con Mempo Giardinelli
Con Guillermo Saccomanno 
Con Fabián Casas 
Con Hernán Casciari 
Con Juan Forn 
Con Pedro Mairal 
Con Pablo Ramos

martes, 15 de mayo de 2012

Willy Crook grabando en el disco nuevo

Willy Crook grabando su saxo en "Viaje al fondo de mí", un tema que está inspirado en "Veteranos del pánico", un texto de Fabián Casas.



Rodrigo Manigot grabando en el disco nuevo

Rodrigo Manigot de Ella es tan cargosa cantando en "El ángel de los misterios", un tema que está inspirado en "El ángel del bar" de Pablo Ramos.

sábado, 12 de mayo de 2012

viernes, 11 de mayo de 2012

Nebbia cantando para el disco nuevo

Les dejo a Nebbia cantando una estrofa de una de las canciones en las que participó en el disco. Mañana vienen al estudio a grabar los chicos de Ella es tan cargosa.

jueves, 10 de mayo de 2012

El principio del final

Se acerca el principio del final. Hoy a la noche vino al estudio Willy Crook para meter su voz en una estrofa de “Jugar con Fuego”, el tema que está basado en “Balada de la primera novia” de Alejandro Dolina,  y el saxo en “Viaje al fondo de mí”,  que está inspirado en “Veteranos del pánico” de Fabián Casas. A la tarde, estuvimos con Litto Nebbia en Melopea y cantó el mismo tema a dúo con Mauro. La voz de Nebbia y el saxo de Crook todo en el mismo tema suena tremendo. Nosotros estamos más que felices.
Por suerte, ya podemos decir que todos los escritores se sumaron al proyecto , son parte del disco y muy pronto de este nuevo sitio que inauguraremos con bombos y platillos una vez que tengamos el disco en nuestras manos. A partir de ese momento iremos subiendo las entrevistas que ya fueron grabadas con Fabián Casas, Hernán Casciari, Abelardo Castillo, Alejandro Dolina, Juan Forn, Mempo Giardinelli, Pedro Mairal, Pablo Ramos, Guillermo Saccomanno y Reynaldo Sietecase. Por ahora, les dejo unas fotos de la grabación y otra con el maestro Abelardo Castillo que tuvo la generosidad de abrirnos las puertas de su casa para leer  “Patrón”, esa joya de nuestra literatura.



sábado, 5 de mayo de 2012

Los detalles

Por Pedro Mairal
No sé quién dijo eso de que Dios está en los detalles. Para un agnóstico es una linda frase que se envuelve en su propio misterio, y se podría decir que el dios de la narrativa también está en los detalles. No necesariamente exhaustivos, pero sí precisos, suficientes para que el lector arme en su cabeza lo que el autor deja en blanco. No hay otra cosa que detalles, incluso en plena acción violenta, o en esas alteraciones invisibles de tan lentas que van evidenciando de a poco el paso de los años. Cosas insignificantes pero que hacen a la textura de la narración.
Anoche, por ejemplo, estuve pensando en la evolución de las cubeteras de hielo. Cuando era chico en los setenta había unas cubeteras de aluminio, como una bandejita dentro de la cual se ponía una rejilla de metal que dividía el agua en cubitos. Pero dividía mal, quedaban pegados por abajo y por los bordes; para vaciarlas había que azotarlas con mucha fuerza sobre la mesada de mármol y volaban pedazos amorfos de hielo por todas partes.
Después, en los ochenta aparecieron las cubeteras de plástico de hielos con forma de pirámide trunca, los clásicos cubitos. Pero eran de un plástico rígido que se rompía cuando uno trataba de hacer un poco de torsión para que se soltaran los hielos, y quedaban rotas por la mitad en grupos de cuatro cubitos que de nuevo había que azotar contra la mesada. A finales de los ochenta aparecieron unas de goma marrón con forma de rolito, hacían unos hielos cilíndricos con un hueco en medio, pero el eje o apéndice de goma que provocaba ese hueco se adhería al hielo como un perro abotonado, no había forma de sacarlo; golpear la cubetera no solucionaba nada, había que forcejear tironeando los hielos de un modo cruel.
En los noventa con las heladeras importadas aparecieron unas con forma de huevera que hacían unos hielos, como una media esfera, muy poco satisfactorios, porque quedaban chiquitos aunque es cierto que eran fáciles de sacar. Y ahora, hay unas cubeteras de silicona muy bien hechas con la forma que uno quiera, forma de tetris, de letras, de hexágonos, de estrellas, una evolución del diseño industrial, el concepto de “funny”, la vida nocturna, etc. Hace un tiempo, en un rapto romántico, le regalé a una chica una cubetera fucsia con forma de corazoncitos. Justo ese día nos peleamos y a la semana me mandó una foto de los cubitos que decía: “Ahora entiendo, tenés el corazón de hielo, hdp”.

jueves, 3 de mayo de 2012

Grabando con Litto Nebbia

Esta tarde estuvimos con Litto. Por ahora grabó un piano en el tema más acústico del disco. Quizás la semana que viene participe en otra canción más. Lo cierto es que se acerca el momento de poner el punto final y estamos más ansiosos que nunca. Sin dudas, para nosotros es lo mejor que hicimos desde que empezamos con el grupo. Esperemos que ustedes piensen lo mismo.

domingo, 29 de abril de 2012

Heridas abiertas


–¿La memoria se puede borrar por decreto?
–Hace 2500 años, en la Grecia de Pericles, hubo una dictadura, la Dictadura de los 400, cuando esa dictadura fue derrocada obligaron a todos los ciudadanos a jurar que no iban a recordar nada de lo que había pasado, es decir establecieron el olvido por decreto. Esto es imposible: por más decretos que se quieren imponer, no hay olvido de los crímenes cometidos por las dictaduras, los familiares saben muy lo que han perdido y entonces una sociedad que dice “no hay que mirar para atrás” que “no hay que tener ojos en las espaldas”, “no hay que abrir viejas heridas”, es una sociedad que se equivoca. Porque no se está hablando de viejas heridas, hablamos de heridas abiertas que laten como un cáncer en el subsuelo de la memoria y en la medida en que estas heridas no se cierran con la verdad y con la Justicia van a enfermar toda posibilidad de que haya una conciencia cívica sana.
Acá, el resto de la nota a Juan Gelman.

Abajo, les dejo una de las letras del próximo disco. Está inspirada en Km 11, un cuento tremendo de Mempo Giardinelli.

Heridas abiertas


Aunque tus dedos se acalambren
de tanto tocar.
Aunque tus ojos no se atrevan
ya ni a ver,
no digas nada.

Aunque repitas la canción
catorce veces más.
Aunque el cansancio
se te escurra por la sien,
no digas nada.

Si el aire destila rencor,
la tarde se empaña. 

Viejas heridas que aún no cerraron y no cerrarán,
rostros que vuelven como un haz de luz
a confirmar que nunca hay que olvidar,
pero después, por suerte hay un después
y ya no hay forma de matar tanta verdad. 

Aunque el silencio grite fuerte
entre tanta impiedad
y ya no puedas soportar
la pesadez
de las miradas. 

De nuevo la misma canción
y el aire que estalla. 

Viejas heridas que aún no cerraron y no cerrarán,
rostros que vuelven como un haz de luz
a confirmar que nunca hay que olvidar,
pero después, por suerte hay un después
y ya no hay forma de matar tanta verdad.

Con Hijos en La Feria del Libro


Acá, más fotos.

jueves, 26 de abril de 2012

Viernes en Cañuelas, sábado en La Feria

El viernes 27 de abril pasadas las 23.30, vamos a estar en “Old West” (Libertad y Belgrano -Cañuelas) y el sábado 28 a las 14 hs (puntual) en la Sala José Hernández de la Feria del Libro.
Los esperamos.

lunes, 23 de abril de 2012

Recrear ese momento

"Me parece que la creación siempre ocurre durante la infancia y la adolescencia, y después lo que uno hace el resto de su vida es recrear ese momento. Yo quiero volver a la infancia, metafóricamente hablando. A esos años impresionantes en cuanto a lo creativo". Acá, el resto de la nota a Charly.

viernes, 20 de abril de 2012

Hijos en Luján

El viernes 20 de abril a las 23.30 nos vamos a presentar en El Dioni” (25 de Mayo 6700 - Luján).Los esperamos.

Veneno por Juan Forn

Se puede decir que entré en la literatura por un ascensor. Me explico: cuando tenía quince, un vecino de mi edificio nos oyó hablar a mis amigos y a mí en un viaje en ascensor, y nos invitó a su departamento en el noveno piso. A partir de ese día empezó a pasarnos libros, recomendarnos películas y ponernos discos, y poco a poco, en aquel living a media luz en plena dictadura, nos hizo entrar a un mundo en el que James Dean le leía a Marilyn el Ulises de Joyce, Dylan Thomas volvía de su última curda al Chelsea Hotel, Coltrane intentaba llegar con su saxo hasta donde Charlie Parker había comenzado su caída libre, Fitzgerald aconsejaba con su último aliento a Faulkner que huyera de Hollywood, Pollock tiraba pintura como napalm en toda tela que le pusieran delante, Sylvia Plath despertaba de su primer electroshock y Burroughs le daba un balazo en la frente a su esposa jugando a Guillermo Tell en una pensión mexicana. Creo que ahí empecé a entender la literatura desde adentro, aunque me di cuenta mucho después. Esa matriz me quedó para toda la vida. He tratado desde entonces de llenarla de otras cosas, de diluirla en mí, mudar de piel, dejarla atrás. Pocas cosas me decepcionan como la literatura y el cine y la música yanqui de Reagan para acá. Pero igual tengo esa matriz en el adn, y me delato cada tanto: la exposición muy temprana al American Way deja una impronta que se les nota para siempre a sus víctimas. Déjenme ahora ir un poco más atrás en el tiempo. Mi padre acababa de casarse con mi madre, o quizá fue antes. El ya trabajaba como ingeniero en la empresa de caminos de mi abuelo: en realidad había querido ser dibujante, pero su padre lo necesitaba ingeniero como él (mi padre era el primogénito), así que mi padre fue lo que dijo su padre. Viene entonces Walt Disney a la Argentina. Sin decirle nada a nadie, mi padre deja en el hotel donde se aloja la comitiva una carpeta con dibujos suyos: no había un solo diseño propio, eran simplemente acetatos perfectos de las epónimas figuras de Disney. Pero todo en ellas era increíble: el color, el trazo, la continuidad. Y no Made in USA sino Made in casa por él solito, en sus ratos libres. La gente de Disney le ofreció trabajo bien pago en su factoría de Los Angeles. Mi padre lo mencionó en la mesa familiar esa noche. No hizo falta que mi abuelo levantara su voz de trueno contra él. Mi abuela, que no era de interrumpirlo nunca, se le adelantó. Mi abuela había nacido en Inglaterra. Era, y se creía, criolla de pura cepa, no había vuelto a Inglaterra más que unas pocas veces de paseo, pero hasta el día de su muerte conservó su pasaporte inglés, como un secreto certificado de pedigree, como un recuerdo de otra vida. Mi abuela sabía que mi padre leía la revista Time y fumaba cigarrillos norteamericanos y copiaba los gestos de los galanes de las películas norteamericanas. Mi abuela sabía también que una gran amiga de mi madre, casada con un amigo de mi padre, vivía en Los Angeles, vivía bien en Los Angeles y había recibido en su casa a mi padre y a mi madre durante su luna de miel. Todo eso lo podía aceptar. Pero que un hijo suyo, ese hijo precisamente (mi abuela tenía algo especial con mi padre: ese cariño callado de las madres que ven lo tremendo que es el padre con el primogénito), que ese hijo se le fuera a vivir a California, al epicentro del mal gusto norteamericano, era sencillamente inaceptable para ella. Le dijo con su voz pacífica de siempre: “Ese país no es para vos, hijo”. Mi padre pudo haber tenido la vida de sus sueños trabajando para la Disney, jugando al golf y tomando martinis al atardecer en la costa californiana, y yo me salvé de nacer allá, porque mi abuela le hizo sentir con una sola frase que ésa no era una vida para él. Y nunca más se habló del asunto. Mi padre fue ingeniero el resto de su vida. Nunca más dibujó, que yo sepa. En cambio, ganó plata. Mientras tanto yo crecí y llegó mi adolescencia, mi rebelión, empecé a practicar todo lo que a mi padre le daba tirria: el desorden de los sentidos, básicamente. Yo escribía poesía, yo odiaba su utopía de pacotilla, eso que Henry Miller llamó la pesadilla de aire acondicionado. Lo asombroso fue que elegí como guía, como padre espiritual en la construcción de mi utopía, a un tipo que me inoculó la versión alternativa del Mito USA: el desorden de los sentidos American Way. En la Argentina de la dictadura, yo quería ser un beatnik. El demonio, como sabemos, tiene muchas caras. Uno vuelve la vista atrás y ve cada encrucijada en que se cruzó con él (Kierkegaard decía que el problema de la vida es que se la vive para adelante pero se la entiende para atrás). El demonio es básicamente un veneno. Para que funcione tiene que haber algo en nosotros que responda a él: el veneno funciona si hace contacto con eso. De manera que reconocemos al demonio cuando ya lo llevamos dentro. Aquel vecino del piso nueve, aquel tipo que nos abría la cabeza a base de libros, discos y películas, tenía una hija. Era viudo y tenía una hija que era bastante menor que nosotros y que, de un día para el otro, dejó de ser la pendeja amarga y anteojuda que se paraba desafiante delante del sofá donde nos desparramábamos para decirnos: “Ustedes no son beatniks”. Volvió de un verano transfigurada en una beldad que te cortaba la respiración. Mentira: no era tan linda, pero a nosotros tres nos cortaba la respiración. Era una morocha argentina. Por ella se pudrió nuestra amistad y por ella nos peleamos con su padre, cuando pescó a uno de nosotros en la cama con su hija y nos echó a patadas a todos de su departamento, y puso a su hija pupila en un colegio en Córdoba, y nosotros terminamos el secundario y rumbeó cada uno para su lado. Cuando ese tipo ya llevaba tiempo largo bajo tierra, y mis amigos de entonces habían devenido uno financista y el otro estanciero, y llevábamos treinta años sin vernos, yo me reencontré con ella. Nos cruzamos acá en Gesell, ella había venido por unos días. Tiene el pelo gris y la cara hermosamente arrugada y es una especie de pachamama, de monja zen, que habla poco pero te la pone con lo poco que dice. Por ella supe que su padre era de la CIA. Nada especial: un perejil, nomás. Técnicamente hablando pertenecía al UCIS, el departamento de extensión cultural que, en cada embajada americana del mundo, solía ser la tapadera de la CIA. No pudo o no quiso averiguar mucho más, y no le era grato contármelo, pero me lo debía, por amargo que fuese. Con esa misma calma sobrenatural me dijo, un rato después, que sabía por qué yo no había ido a rescatarla de aquel colegio pupilo de Córdoba. Citó textuales unas palabras que su padre repetía siempre, y yo bajé la cabeza y no pude mirarla cuando ella dijo: “En el oficio de escribir se aprende rápido que, más útil que tener una musa, es haberla perdido”. Porque en lo más íntimo sé que empecé a ser eso que se llama escritor en aquel momento exactamente, cuando no la fui a buscar.

lunes, 2 de abril de 2012

Semana Santa en la Costa

Los cuatro días de Semana Santa, a las 19 hs. vamos a estar tocando en el Anfiteatro de Mar de las Pampas. Los esperamos.

viernes, 30 de marzo de 2012

A pesar de todo

Hoy a las 23.30, "a pesar del tiempo, a pesa de todo", vamos a estar en “Old West” (Libertad y Belgrano -Cañuelas).

miércoles, 28 de marzo de 2012

Mi tío Carlo


Me da pena, bronca y sobre todo, mucha lástima que te hayas ido así, tan de golpe. Como decías en ese poema que escribiste cuando murió el nono, “no me dejaste tiempo ni para el arrepentimiento”. Lo que más me duele es que no pude hacerte caso, dejé tantas cosas para mañana que no me lo voy a perdonar nunca. Ya sé que vos sabías lo importante que eras para mí y cuánto te quería, pero no me alcanza sólo con eso. Me hubiera gustado poder decírtelo yo mismo, ahora que ya soy grande, que soy un hombre, que crecí y que me hice cada vez más parecido a vos. Cómo no iba a terminar pareciéndome a vos si me pasé toda mi vida escuchándote en todos tus discos, que los ponía una y otra vez, hasta saberme todas las letras de memoria. Pero más que nada me gustaba hablar con vos en la cocina de casa. En esa casa, la de Belaústegui, que también ya no está más, como el nono. Ya van a hacer casi quince años, pero yo todavía me acuerdo de él. Parece mentira, cómo se destruyó la familia después de su muerte. Me acuerdo cómo te reías cuando lo hacía poner nervioso. Nada le gustaba, se vivía quejando de todo y de todos, pero sin embargo con él también se podía hablar. No sé a dónde quiero llegar con esto que estoy escribiendo ni para qué lo hago, pero por lo menos me sirve para desahogarme, para sentirme un poco menos culpable, por todo lo que no hice, por todas las palabras que no te dije a tiempo. “Por mirar el otoño, perdí el tren del verano”; soy un boludo, no supe ver “que todo lo que no se da, no se acumula; se pierde”. Supongo que te dabas cuenta que pocas cosas me gustaban más que hablar con vos. Cuántos domingos desde mi infancia hasta el día de hoy me los pasé escuchándote y preguntándote sobre tu pasado y el de nuestra familia. Para todo tenías una respuesta. Cuando era chico pensaba que no había nada que vos no supieras. Eras, junto con mi mamá, una especie de oráculo de Delfos pero en la cocina de mi casa o en la tuya, allá en Gesell. Ahí fue la última vez que te vi, te di un beso y te dije que ni bien llegara a Capital, en marzo te iba a llamar. No sé por qué mierda no lo hice. Ahora ya es muy tarde. No voy a poder agradecerte por compartir conmigo “los secretos, la poesía, el refugio, el camino y las canciones que había en vos”.
Hoy, en todos lados no paro de leer y escuchar que se murió Gian Franco Pagliaro, un cantautor italiano de mucho éxito en toda Latinoamérica. A mí esa noticia no me llega, a mí se me murió
Carlo, mi tío Carlo, Carlo Pagliaro, una de las personas que más quise en mi vida.
Hasta siempre tío, te voy a extrañar muchísimo. No te imaginás cuánto.
Ojalá estés con el nono, con Laura y con Cuervita.
Te quiero muchísimo.
Fernando, Nando, tu sobrino más chico.