martes, 4 de febrero de 2020

5 preguntas sobre "la felicidad"

Cinco preguntas a cinco personalidades de la cultura sobre el tema de tapa de revista Quid: la felicidad

Por  Nando Varela Pagliaro



Liliana Heker, escritora

Kant decía que “la felicidad, más que un deseo, alegría o elección, es un deber”. ¿Está de acuerdo?

-En lo personal, no considero a la felicidad como un deber; en cambio la siento una responsabilidad respecto de los otros. Creo, sí, que una debe estar abierta a esos momentos plenos –felices-- en los que, de pies a cabeza, se siente en perfecta armonía consigo misma y con el mundo. Que hay que vivirlos intensamente y atesorarlos. Pero, según mi propia elección de vida, son solo eso: momentos privilegiados. No un estado permanente, ya que la percepción de la inarmonía, de la injusticia, que impide sin duda que una sea feliz, permite en cambio una actitud de lucha que impulsa a cambiar aquello que una considera que está mal. Otra cosa distinta es la alegría. Reconozco que estoy bastante dotada para la alegría, para disfrutar intensamente con los innumerables y diversos placeres que me ofrece la vida. Pero esas experiencias vitales, vividas hasta el hueso, no deben confundirse con la felicidad que, como estado permanente, se parecería bastante a la comodidad, o al egoísmo.

-¿Se puede ser feliz en un contexto adverso?

-Sí. Siempre he sostenido que la verdadera sabiduría de vivir consiste en saber estar bien en los momentos malos, ya que en los buenos resulta bastante fácil y natural.

-¿Cree que hay una correlación entre la felicidad y el nivel de ingreso?

-Si fuera así, yo sería una persona bastante desdichada ya que, durante buena parte de mi vida, mis ingresos hicieron que llegara a fin de mes con la lengua afuera. Lo que tuve, sí,  fue una excelente educación –gracias a la escuela pública y el estímulo de los que me rodeaban--, una buena alimentación, gracias a mis padres sabios y maravillosos, un techo bajo el cual resguardarme, y todo el cariño y la protección que necesitaba. Creo que toda persona debería recibir como mínimo ese caudal para tener luego la posibilidad de elegir su propio camino y, tal vez, acceder a la felicidad.

-¿Se puede ser feliz en soledad?

-Sí, la soledad tiene un encanto muy especial, incanjeable, y, cuando se da, hay que saber descubrir y disfrutar ese encanto. Creo que quien sabe ser solo es capaz de ser libre. Y, también, de elegir y valorar --sin presiones-- la compañía.

-Si tuviera que elegir solo uno, ¿cuál diría que fue su día más feliz?

-Afortunadamente, tuve muchos momentos felices, cada uno con su propia belleza y su propia intensidad. Pero recuerdo de una manera muy especial el primero de esos momentos. Yo estaba por cumplir ocho años, un tío nos había prestado un departamento en Mar del Plata, y mis padres, mi hermana y yo nos levantamos a las cinco de la mañana para esperar el auto que nos iba a venir a buscar. Yo, que era ferozmente insomne, por primera vez me sentía autorizada  a estar despierta a la madrugada. Conocí la calle a esa hora maravillosa. Mi hermana y yo, abrazadas –no era habitual entre nosotras ese cariño tan manifiesto--  caminábamos por la vereda cantando un bolero. Y teníamos por delante algo todavía más hermoso que el mar: el sueño del mar.


Mauro Libertella, periodista y escritor

- Kant decía que “la felicidad, más que un deseo, alegría o elección, es un deber”. ¿Está de acuerdo?

-Diría que no estoy de acuerdo, aunque objetar a Kant se me antoja algo desmedido. Seguramente él lo pensó mejor que yo. Diría, en todo caso, que lo que me hace ruido es el concepto de deber asociado a algo tan personal, tan subjetivo e inexplicable como la felicidad. Perdón, Immanuel.

 -¿Se puede ser feliz en un contexto adverso?

-Supongo que sí. Mi canción preferida de Franco Battiato termina diciendo esto: "Mi maestro me enseñó que es difícil encontrar el alba dentro de las sombras". En esa búsqueda pasa el tiempo mucha gente. Nunca se vive en la adversidad total, pero sabemos bien que tampoco se puede vivir en la felicidad total.

 -¿Creé que hay una correlación entre la felicidad y el nivel de ingreso?

-El capitalismo nos hizo creer que sí. Ya citamos a Kant, a Battiato, así que ahora evoquemos a Los Auténticos Decadente: "El dinero no es todo, pero cómo ayuda".

 -¿Se puede ser feliz en soledad?

-A mí me gusta mucho la soledad, la busco, disfruto especialmente los momentos en los que estoy solo, pero supongo que los disfruto porque son la excepción y no la norma de mi vida. La soledad estructural, dicen los que saben, produce depresiones irreversibles.

 -Si tuviera que elegir solo uno, ¿cuál diría que fue su día más feliz?

-Qué difícil. Son muchos, aunque no tantos. Quizás suene snob, pero el primero que aparece ahora es este: un día completo que pasé en Londres (mi ciudad preferida), solo, sin nada que hacer más que caminar. Era otoño (mi estación preferida), hacían 19 grados, me sentía bien, tenía un poco de dinero para gastar y ninguna preocupación en la cabeza. Tuve en todo momento la consciencia plena de que era un día irrepetible, y lo fue.


Hinde Pomeraniec, periodista y escritora

 -Kant decía que “la felicidad, más que un deseo, alegría o elección, es un deber”. ¿Está de acuerdo?

- Bueno, en general no me gusta sentirme “obediente” en relación con algo gozoso, aunque sí encaro la vida con una idea similar de imperativa que es la de disfrutar todo lo posible lo que hago y lo que vivo, pero también lo que hacen y lo que viven todos mis seres amados.
  
-¿Se puede ser feliz en un contexto adverso?

- Sí, claro. En mi caso yo tenía 15 años cuando fue el último golpe militar y, sin embargo, en medio de ese contexto de tragedia, en esa oscuridad social, política y económica crecí como toda adolescente vital y tuve muchos momentos felices, naturalmente reservados a los espacios familiares y más íntimos, aunque también -con las limitaciones del caso- en algunos pocos espectáculos que nos llevaban a socializar la alegría. Recuerdo por ejemplo recitales de rock nacional, obras de teatro en el San Martín y también recuerdo la loca felicidad de ver a una sindicalista reclamar en una fábrica por sus derechos en medio de aplausos. En realidad, fue en un gran cine de la calle Santa Fe (si no me equivoco, el Grand Splendid donde hoy está El Ateneo) y hablo de “Norma Rae”, la película con Sally Field que pude ver ahí, posiblemente como parte de algún ciclo. Hubo gente que sobrevivió a los campos de concentración y que recuerdan la felicidad efímera que encontraron en un libro, un relato o en una canción.
  
-¿Cree que hay una correlación entre la felicidad y el nivel de ingreso?

- Creo que sin tener resueltas cuestiones vitales la felicidad es un sueño completamente ajeno. Comer, tener buena salud y una buena educación son trampolines a momentos de felicidad, sin eso garantizado, todo es más triste y sobre todo más injusto. Por otra parte, se sabe que el dinero no garantiza la felicidad, pero puede ayudar. En mi caso, pocas cosas me hacen más feliz que viajar y conocer otros mundos. Y eso, sin plata, se complica mucho. En definitiva, todo siempre es relativo y lo que para uno es plata, para otro puede ser un vuelto y para otro, una fortuna imposible. 
  
-¿Se puede ser feliz en soledad?

- Si, definitivamente. Leer -aunque puede ser una actividad colectiva- es la mayor parte de las veces una actividad solitaria. Escuchar música o ver arte, también. Esas son cosas que a mí me hacen feliz. También viajo mucho sola y disfruto de eso. Posiblemente porque sé que son momentos solitarios y no largas etapas. Soy una persona muy aferrada a la familia; me cuesta imaginarme sola del todo y por mucho tiempo.
  
-Si tuviera que elegir solo uno, ¿cuál diría que fue su día más feliz?

- Me resulta difícil elegir uno solo y como soy bastante convencional, me cuesta creer que haya momentos que puedan superar los nacimientos de mis tres hijos. Sin embargo, podría pensarlos a los tres juntos y elegir alguna noche de vacaciones, con ellos mucho más chicos y ya durmiendo, después de un día de sol, arena y agua. Y cosas ricas. Y muchas risas. Si me tocara salir de mi círculo más íntimo, seguramente elegiría el 30 de octubre de 1983, porque fue un día de felicidad única y colectiva, cuando todavía la mayoría de nosotros pensaba que la mejor Argentina, la más democrática, estaba ahí nomás, al alcance de la mano y de una elección.


Diego Frenkel, músico

-Kant decía que “la felicidad, más que un deseo, alegría o elección, es un deber”. ¿Está de acuerdo?

-La felicidad desde nuestro punto de vista occidental es una palabra utópica. Para mí es un estado del alma, temporal y transitorio, como todos los estados. Desde ningún punto de vista la puedo pensar como un deber porque ya la palabra deber opera prácticamente en contra del estado de felicidad. Toda idea de deber es un poco una coerción a la libertad y la felicidad justamente se trata de un estado de libertad. Deber significa hacer o buscar algo que no necesariamente está en el espacio del deseo ni de lo creativo. La felicidad es un estado transitorio que considero que está conectado con lo creativo, el amor y el encuentro con el otro, ese otro en un sentido amplio tanto como ser genérico: hijo, madre, amor, mujer, hombre, cualquier forma de género, naturaleza o espacio. La felicidad también tiene que ver con el Yo que se despliega, se sale de su mirada autorreferente y conecta con la profundidad y la infinitud de la otredad.

-¿Se puede ser feliz en un contexto adverso?

-Se puede ser feliz en un contexto adverso porque los contextos en su mayoría son adversos. La adversidad, entendida como obstáculo, puede incluso hacer propicia la felicidad porque la felicidad tiene que ver también con el esfuerzo y el logro con el logro de la apertura, de lo creativo. Ahora, hay niveles de adversidad en los que en realidad la palabra adversidad no aplica, podría ser otra palabra tal como traba vital, asfixia, muerte en vida, sujeción del yo. Es decir, la esclavitud, la sujeción de uno a un otro, la pérdida de las libertades básicas y el derecho a existir de cualquier ser, humano o no, obviamente no hacen propicia la felicidad, pero eso no se trata de adversidad, eso es algo más , es estar envuelto en una situación de malestar profundo hoy,  en general dado por una injusticia acometida por  un otro paranoico y egoísta o estar envuelto en una sicopatía social e histórica como suele ser en nuestra sociedad en gran escala, esto incluye la pobreza material y de las otras, el ser convertido en objeto en la maquinaria de producción o quedar afuera cual resto inmundo, destruye la felicidad.

-¿Cree que hay una correlación entre la felicidad y el nivel de ingreso?

-La relación felicidad y nivel de ingresos implica que estamos pensando dentro del paradigma del capitalismo. Es decir, nos planteamos dentro del capitalismo en esta pregunta como si viviéramos en él como en un paradigma ineludible de la existencia.
Cuando en realidad la idea de ingreso, si nos referimos al ingreso económico, está directamente vinculada con la idea de que el dinero es parte de nuestra naturaleza.
En principio, dentro de este contexto social de un capitalismo históricamente de los más injustos que ha habido, de los más desbalanceados, obviamente considero que las personas que están en el escalafón más bajo desde el punto de vista de quienes miden estos escalafones, en el estrato más bajo, en el más deshumanizado y desconsiderado como sujeto, la idea de felicidad es más difícilmente plausible. Porque aquí el dinero está conectado con la posibilidad de “ser" en el sentido más básico de lo que eso significa. Es decir, tener un estado corporal- químico y anímico básico. Cuando el cuerpo ha perdido su condición de sujeto y cuando desde un entorno social es tratado como objeto es imposible que pueda haber un estado de felicidad porque sí, la felicidad está conectada con una libertad, la libertad de ser y poder dar cauce a nuestros deseos como sujetos.  

-¿Se puede ser feliz en soledad?

-No sé si se puede ser feliz en absoluta soledad, lo que pasa es que el concepto de absoluta soledad depende muy profundamente de uno mismo, de cuán conectado esté con los-lo demás uno. La soledad absoluta es la falta de amor y ahí es muy difícil encontrar estado de gratitud, de felicidad. De todas maneras, no creo en la idea de “ser feliz", quiero destituir esa idea. Para mí la felicidad es un estado transitorio. En todo caso, sí creo en transitar la vida con el máximo bienestar.
  
-Si tuviera que elegir solo uno, ¿cuál diría que fue su día más feliz?
  
-Me gusta seguir pensando fuera de la escala de" mejor o peor". Creo que parte de la infelicidad que sostiene nuestra sociedad es este pensamiento binario. Así como la idea de que el nivel de ingresos plantea la realidad situada en este paradigma que es nada más y nada menos que el capitalismo, en donde los niveles de ingresos económicos determinan el estatuto social de un sujeto y su capacidad de goce, el pensamiento binario de "lo mejor o lo peor", forma parte de esta misma trampa filosófica de la que tenemos que salir. Si hay un camino positivo para encontrar más espacios, ya no de felicidad como estado utópico, sino de bienestar del alma, de tranquilidad necesaria y de capacidad de darle cauce a nuestros deseos es salir del pensamiento binario: hombre-mujer, rico-pobre, oprimido y opresor, el pensamiento binario que determina esta crisis constante de oposiciones en las cuales se degrada nuestra integridad.


Pamela Stupia, escritora

-Kant decía que “la felicidad, más que un deseo, alegría o elección, es un deber”. ¿Está de acuerdo?

-Sí, estoy de acuerdo. A veces es difícil porque nuestra felicidad depende de muchas cosas, sin embargo, creo que también somos muchas veces responsables de ella. De salir a buscarla, de entender qué nos hace felices y cómo llegar a eso. Todos deberíamos plantearnos la meta de ser felices e ir por ello.
  
-¿Se puede ser feliz en un contexto adverso?

-Creo que la felicidad son momentos y podemos tener momentos felices incluso en épocas no tan buenas. El problema es que muchas veces creemos que solo seremos felices cuando nuestra vida sea perfecta, lo cierto es que esa perfección no es tan real y, por ende, no es necesaria.

-¿Creé que hay una correlación entre la felicidad y el nivel de ingreso?

-Definitivamente no.

-¿Se puede ser feliz en soledad?

-Claro que sí. Todos tenemos metas o deseos diferentes y no creo que sea necesario estar rodeados de personas para alcanzarla. Es lindo compartir la felicidad, claro, pero creo que igualmente debe ser en cierto punto individual, no dependiente de otra persona.

 -Si tuviera que elegir solo uno, ¿cuál diría que fue su día más feliz?

- El día que terminé de escribir mi primera saga, 14/7. Me sentí muy feliz al entregarla porque significó mucho para mí: un sueño cumplido, un nuevo camino y una demostración a mí misma de que se puede ser feliz en momentos adversos. La posibilidad de escribir esa saga surgió cuando acababa de perder a mi abuela y fue lo que me sacó de ese pozo del que siempre creemos que nunca podremos salir. Y estuve acompañada durante todo el proceso de esa saga por mi familia, mis amigos y los que quiero. Fue especial.

Publicado originalmente en Revista Quid.



Entrevista a Cielo Latini: “No me perdono haber publicado Abzurdah de tan joven”



Nando Varela Pagliaro

“Yo no digo que Adiós tenga una escritura prodigiosa o que me vaya a ganar algún premio, pero sé que es un libro que de alguna manera te pega, te toca, te hace sentir. A mí me gusta esa literatura”, dice Cielo Latini sentada a la mesa del Club House del country en City Bell, donde vive junto a sus dos hijas.
Luego de muchos años de silencio, la autora de Abzurdah volvió otra vez a la vida pública con la publicación de Adiós, una novela sobre una relación tóxica, que pone el foco en la violencia invisible, en el maltrato psicológico que muchas veces es indenunciable.

-Supongo que cuando publicaste Abzurdah no imaginabas ni cerca lo que terminó pasando con el libro, con Adiós, ¿tenías algún miedo con lo que pudiera llegar a pasar, con que no tuviera la misma repercusión?

-Yo siempre tengo miedos. No solo si va mal, si algo tiene mucho éxito, también me da un poco de miedo. Soy una persona muy ansiosa. Además, sentía que después de nueve años sin publicar, necesitaba volver con algo que me hiciera muy feliz a mí, para estar segura de que le iba a gustar a la gente. Yo creo que entiendo a mí público, y si me gusta a mí, sé que a ellos también les va a gustar. No podía volver con un librito así nomás, tenía que volver con algo que pisara fuerte. Eso me generó muchísimos nervios y estuve por no publicarla.

-¿Por qué no querías publicarla?

-Porque tenía miedo de que me fuera mal, de que no gustara lo que yo hacía. Hay una parte de mí que siempre piensa “quién va a querer leer lo que escribo yo”. Por suerte, tuve mucha influencia de mi editora y de gente que quería para que la publique.

-Antes dijiste que entendés a tu público, ¿lo tenés en cuenta cuando te sentás a escribir?

-Para mí los libros tienen diez mil instancias. En la primera, que es de desagote de las ideas, no estoy pensando en nadie. Después, cuando ya está terminada la historia, sí voy puliendo el texto hasta llegar a algo que me guste a mí. Sé que cuando me gusta a mí, le gusta a mi público. Abzurdah, en su momento, me gustaba un montón y pegó re bien.

-Con todos tus libros te fue bien a nivel ventas, ¿te ves como una persona exitosa?

-Me veo cero exitosa. Yo creía que cuando llegara el éxito iba a ser mega feliz y la verdad es que no es así. El éxito es “vendí un montón de libros y ahora qué hago”. Yo siempre estoy pensando en lo siguiente, no sé pararme y disfrutar el momento. Puedo ser un éxito en 2006 y después la gente se olvida de mí hasta que vuelvo en 2010. Por suerte, cada vez que volví me fue bien, pero yo siempre estoy esperando que sea un desastre y pensando a qué me voy a dedicar después.

-Pensabas que el éxito te iba a traer felicidad y eso no pasó. Ninguno de los tres libros que escribiste nacieron de momentos felices, ¿creés que podrías escribir una historia feliz?

-Creo que la felicidad es muy difícil de contar, es mucho más difícil de contar que la tristeza. Es aburrido contar algo feliz, una historia en la que está todo bien. No me gustaría leer un libro así. Por otro lado, ¿existen libros en donde todo esté bien?

-Bueno puede que no existan libros completamente felices, pero no necesariamente tienen que ser tan trágicos.

-Sí, es cierto, pero yo me baso siempre en lo que pasa a mi alrededor. De todos modos, dentro de mis tres libros, siempre hay momentos de felicidad.

-Sí, claro. En Adiós, Helena, la protagonista de la novela, muchas veces siente que toca el cielo con las manos.

-Exacto, es como el ying y el yang, no hay luz sin oscuridad. Si fuera todo tétrico, tampoco sería divertido de contar.

-En alguna nota que hiciste te escuché decir que Adiós es tu novela favorita, ¿por qué sentís eso?

- Porque me encuentra a mí mucho más madura como escritora. De alguna manera, yo no me perdono haber publicado Abzurdah de tan joven.

-Y que encima le haya ido tan bien.

-Claro, arrancás a los 21 con una bomba así, ¿qué hacés después? Todo va a ser para abajo. Es horrible eso.

-No, no es horrible, no todos tienen un libro al que le haya ido tan bien.

-Sí, lo sé. Pero volviendo a lo que te decía antes, yo siento que de Abzurdah a hoy crecí muchísimo como escritora, me pasaron diez mil cosas. Bueno, pasaron quince años, ¿no? Entonces, con Adiós ya me senté como escritora, no como una chica que contaba su vida como en un anecdotario.

- Y te gustaría hacer el proceso inverso ahora, ¿participar de talleres de escritura por ejemplo?

-Yo no hice un taller en mi vida y ahora estoy muerta de ganas de ir. Siento que llegué hasta acá casi sin herramientas y mi única gran herramienta fue haber leído mucho.

-¿Seguís leyendo mucho?

-No hay nada que me guste más que leer. Culpo a la lectura de mi poca vida social. Estoy todo el día leyendo encerrada. Necesito un planazo para que me saquen del sillón y de leer. Esta semana leí cinco libros.

-¿cómo elegís qué leer?

-Le doy mucha bola a la gente que admiro, estoy suscripta a Bukku. De ahí todos los meses me mandan un libro, con una lista de Spotify hecha por el autor del libro, un señalados y algún regalo.

-Son siempre libros de escritores argentinos, ¿no?

-Sí, estuve leyendo muchos autores de acá. Leí La sal de Adriana Rivas, que me encantó; leí Los años felices de Sebastián Robles; leí Nunca llegamos a la India de Juan Sklar, que me voló la peluca y el que más me gustó de todos fue Todo nos sale bien de Julia Coria.

-¿Te considerás un poco outsider del ambiente literario?

-Sí, totalmente.

-¿Te gustaría formar parte de ese mundillo?

-Me encantaría, pero siento que conmigo hay un prejuicio. Tal vez es más una cosa mía y me da un poco vergüenza. Yo tengo el síndrome del impostor, siento que no pertenezco ahí.

-¿Después de tres libros seguís sintiendo eso?

-Bueno, lo que uno siente nunca es lógico.

-Imagino que lo hablarás en terapia.

-No hago terapia.

-¿En serio no hacés terapia?

-Hice desde los 18 hasta los 33.

-¿Por qué dejaste?

-Dejé porque hice un cambio importante en mi vida. Me dije: “Todos estos años intenté con terapia y no me funcionó, ahora voy a intentar otra cosa”. Dejé la terapia, dejé las pastillas y no volví nunca más. No es algo de lo que haga apología ni que les pueda servir a todos, pero yo tengo mucha fuerza de voluntad. Cuando digo no como más, no como más. Cuando digo no tomo más pastillas, no las tomo más. Apenas dejé las pastillas, yo tomaba antidepresivos y ansiolíticos, me empecé a encontrar conmigo misma y ya no estuve más triste.

-Recién dijiste que cuando te propusiste dejar de comer, pudiste hacerlo. Ahora, ¿cómo es tu relación con la comida?

- Siempre tuve una relación muy complicada con la comida, pensá que pasé de ser muy gorda de chiquita a ser anoréxica y no comer nada de nada. Pasaba de muchísimo a nada, en el medio no me podía encontrar. A partir de haber dejado las pastillas y haberme interesado en mejorar, también decidí ser vegana, no comer harinas y la verdad es que me mejoró muchísimo la vida.

-¿Estás cansada de hablar de estos temas? Me imagino que con el fenómeno de Abzurah todo esto fue muy pesado.

-Hubo un momento en el que me cansó muchísimo porque no quería que me etiquetaran. Me molestaba que cada vez que una famosa caía en la anorexia, me llamaban a mí como a la pelotuda que puede hablar de esto en la televisión. Claro que puedo hablar de eso, pero yo soy mucho más que eso. Además, es algo que me pasó hace 25 años.

-Bueno, a partir de Adiós seguramente te empiecen a llamar para hablar de violencia, de abusos, de psicópatas.

-Amo hablar de psicópatas. Cuando salió Abzurdah, no estaba recuperada del todo y lo que pasó fue una bomba demasiado grande. Imaginate que venía saliendo de una depresión horrible y de repente empecé a ir a todos los canales de televisión y a todas las radios a hablar de lo mismo. Eso hizo que me enfermara de vuelta.

-¿Tu familia cómo vive cada vez que sacás un libro y te exponés tanto?

-Mi familia confía mucho en mí. Están ahí siempre y yo dependo mucho de ellos, los necesito y los amo mucho. Me apoyan en todas las boludeces que se me ocurren. Cuando digo que voy a dejar de escribir y me voy a poner a hacer velas, que ha pasado, me han dicho “vas a hacer las velas más lindas del mundo” y eran una cagada mis velas.

-¿Tuviste muchas otras ideas como la de hacer velas?

-Muchísimas. Cada tanto digo no escribo más y me dedico a otra cosa.

-¿Pasás mucho tiempo sin escribir?

-Siempre escribo. Al final del día es muy posible que yo abra un Word y escriba algo que me pasó y lo guarde con la fecha del día. Así, después de un año, leo todo lo que escribí y empiezo a ver si hay algún hilo. Así se gestó Adiós.

-Adiós no deja muy bien parado al género masculino y con justa razón. Los hombres que salgan con vos, supongo que deben tener miedo de terminar dentro de tu literatura, ¿no?

-Todos mis ex quieren estar en mis libros. Me dicen “no vayas a escribir esto” y por dentro sé que se mueren de ganas de aparecer. Además, en todo caso a los que escracho son a los que hicieron las cosas mal. Si te portás bien, no hay nada que contar.

-En Adiós reflexionás mucho sobre el amor. Helena dice que un amor ideal sería un amor en el cual uno pudiera hablar como mejores amigos y coger con la intensidad de los amantes. ¿Pensás que a cierta edad uno ya deja de buscar eso y lo que más busca es estar tranquilo?

-Siempre digo que la felicidad es estar tranquilo.

-Sin embargo, siempre tuviste relaciones muy intensas.

-Bueno, esto lo digo ahora que tengo 35. De cualquier forma, yo si estoy en pareja sigo queriendo que esa persona me provoque cosas. No quiero estar con una persona con la que me dé igual estar. Porque como disfruto mucho de estar sola, si voy a estar con alguien, tiene que ser más divertido e intenso que estar sola.

-¿No te cuesta estar sola?

-Para nada.

-¿Nunca te costó?

-Bueno, siempre tuve el deseo de estar en pareja. Ahora ya no tengo ese deseo. En el pasado, cuando estaba sola, pensaba que había algo mal en mí. Tenía un hueco que necesitaba llenar con una persona, ahora ya no tengo huecos. Quiero amar con intensidad, pero sé que la persona que esté a mi lado no va a venir a llenar ningún hueco porque no lo hay. En todo caso va a venir a acompañar esta linda experiencia que estoy viviendo yo. A la vez me pasa que nadie me llama la atención, hace tres años que no me gusta nadie.

-¿Pero tenés contacto con el exterior o estás muy metida dentro de tu propia burbuja?

-Estoy muy metida en mi burbuja. Hay días que ni salgo de mi casa.

-No salís mucho al exterior, pero sí estás mucho en las redes. Estuviste un tiempo fuera de las redes sociales, ¿qué aprendiste de esa experiencia?

- Con las redes sociales todos somos como robotitos mirando todo el tiempo para abajo y cuando uno levanta la mirada, existe otro plano de las cosas. Aprendí que tengo una adicción muy fuerte al teléfono. Me pasó casi todos los días más de siete horas mirando el celular.

-¿Qué es lo que más mirás?

-Cada vez menos Twitter, Instagram un montón y después contesto muchísimos mensajes. Aunque veas que mi feed no se mueve mucho, yo estoy en Instagram. Bueno y obviamente uso mucho WhatsApp.

-¿No las ves como una pérdida de tiempo?

-Sí, estoy esperando que pase lo de Adiós para volver a irme. No quiero vivir así, yo soy una esclava. Pero también me pasa que ya me siento aislada así, qué me queda si también me voy de las redes. ¿Con quién hablo?

-Con tanta red social, ¿pensás que es cada vez más difícil encontrar un amor sano?

-Para mí está buenísimo ver cómo interactúa la otra persona. Enseguida te podés dar cuenta si es un pelotudo o no. Igual, como mis parejas no han sido muy activas en redes sociales, nunca tuve muchos celos por eso. La verdad es que no le doy mucha pelota a las redes sociales de los otros. Fijate que en el mío no pongo casi nada, apenas hay una foto de mis hijas y recién ahora empecé a compartir mis lecturas.

-Nombraste a tus hijas, ¿la maternidad te deja tiempo para hacer el resto de las cosas que querés hacer?

- La maternidad, como todo lo que hago, me la tomé muy en serio. Me leí todos los libros que existen sobre maternidad porque quería ser la mejor y quería que mis hijas fueran felices. Creo que hice un muy buen trabajo, pero sacrifiqué mucho de mí. Durante cinco años de mi vida desaparecí completamente y solo me dediqué a ser madre. Eso, para Cielo mujer, no estuvo muy bueno, pero sí para mis hijas. Yo hoy las veo y siento que valió la pena. Todo el mundo cuando las ve me dice: “es obvio que a estas chicas las criaste vos y son así porque vos siempre estuviste ahí. Por eso, estoy orgullosa de haber hecho ese sacrificio. Y ahora las disfruto más porque están más grandes, tienen 10 y 9 años, ya charlamos y salimos juntas a comer. La maternidad me pegó mal al principio y ahora me hace muy feliz.

Gentileza de Revista Quid.

jueves, 10 de octubre de 2019

5 preguntas sobre "nuevos clásicos"



Cinco preguntas a cinco personalidades de la cultura sobre el tema de tapa de revista Quid: nuevos clásicos.

Por  Nando Varela Pagliaro


Josefina Licitra (periodista, escritora)

- ¿Qué elementos hacen que una obra sea considerada un clásico?

-Una obra es un clásico, a mi entender, cuando la línea superficial del relato -la que está atravesada por elementos de trama y marcas de época- está sostenida por una segunda línea mucho más poderosa y menos visible, que va emergiendo de a poco y que pone en juego temas universales sobre los que siempre nos haremos preguntas: el amor, el odio, la juventud, la venganza, la vejez, el miedo a la muerte, el sexo. Cuando esos temas, que no envejecen, ganan terreno sobre la trama sin volverse sentenciosos, quizás -suponiendo que esta ecuación funciona- se pueda pensar en esa obra como un clásico.

- ¿En qué se diferencian los clásicos antiguos de los más contemporáneos?

-En las formas. En el ropaje. En la trama superficial. La segunda trama, en cambio, es siempre la misma.

- ¿Cuáles son sus nuevos clásicos preferidos?

-"Nuevo clásico" por momentos me parece un oxímoron. El único testeo imbatible para saber si un libro es un clásico es el paso del tiempo: ahí está el filtro que permite ver cuánto permanece y cuánto se pierde de una obra. Así y todo, creo que El guardián en el Centeno, de Salinger, buena parte de la obra de Carver (en especial el cuento Diles a las mujeres que nos vamos), Desgracia, de Coetzee, Los Detectives Salvajes, de Bolaño, algunos cuentos de Alice Munro (como Muebles de familia) y otros cuentos de Abelardo Castillo (como La madre de Ernesto) ya están, para mí, en el terreno de lo clásico. De todos modos, las listas son odiosas. Cada vez que nombro, inevitablemente, omito.

- ¿Con qué autor (vivo o muerto) de alguna obra que sea considerada un nuevo clásico le gustaría compartir una cena? ¿Por qué?

-Con Bolaño, porque dicen que hablaba mucho y eso me tranquiliza. No soportaría una cena con baches.

- ¿Qué obra actual cree que en el futuro va a ser considerada un clásico?

-Ya cometí una injusticia en la tercera pregunta. ¡No me hagan cometer otra en esta!


Tomas Abraham (filósofo, escritor)


- ¿Qué elementos hacen que una obra sea considerada un clásico?

-Me referiré a la literatura en general (que incluye a la filosofía y al ensayo). Una obra clásica es la que no deja de tener lectores. Siempre vuelve. Es objeto de infinitos comentarios que intentan restituir su significado original. Pertenece a un tiempo diferente, a un futuro anterior o un pasado por venir.

- ¿En qué se diferencian los clásicos antiguos de los más contemporáneos?

-Un clásico por definición es hijo del tiempo, hijo y no hermano o padre. Un contemporáneo es clásico por una promesa de fidelidad de lectores futuros. Una apuesta.


- ¿Cuáles son sus nuevos clásicos preferidos?

-Clásicos son Platón y Shakespeare, a los que me dediqué por personificar en la filosofía y la literatura, las dos cimas del género.

- ¿Con qué autor (vivo o muerto) de alguna obra que sea considerada un nuevo clásico le gustaría compartir una cena? ¿Por qué?

-Con Hannah Arendt y Lou Andreas Salomé. Porque son bellas e inteligentes.

- ¿Qué obra actual cree que en el futuro va a ser considerada un clásico?

-La de Michel Foucault en la filosofía, Primo Levi e Imre Kértesz en la ética, la de Paul Veyne y Tulio Halperín Donghi en la historia, la de Pessoa y Gombrowicz en la literatura, y la de Bob Dylan en el arte en general.


Manuel Moretti (Compositor, cantante de Estelares)

- ¿Qué elementos hacen que una obra sea considerada un clásico?

-Quizás un clásico sea un ejercicio de uno o varios artistas que encuadra perfectamente con una época, como un registro de esa época, con la emocionalidad, con el lenguaje que los artistas usaron para armar ese objeto que después se transformó en un clásico. A veces lleva tiempo decodificar estas lecturas, pero tiene una característica que es que gusta mucho y atraviesa la cultura popular. Todo clásico debe estar muy cercano a lo popular.

- ¿En qué se diferencian los clásicos antiguos de los más contemporáneos?

-Se me ocurre que la primera diferencia sería el lenguaje. Conforme pasa el tiempo, el lenguaje va cambiando y también cambia la interrelación de los artistas con el público, con su material. También pienso que esta época es mucho más rápida que la anterior. La vorágine actual hace que todo caiga más pronto. Por otro lado, con muchas obras suele ocurrir que no son entendidas en su época y luego se convierten en clásicos.

- ¿Cuáles son sus nuevos clásicos preferidos?

-Hay muchos clásicos actuales, dentro del mundo del cine pienso en Tarantino y Almodóvar. Hay algo en su manera de narrar que atraviesa todas las capas conceptuales y que los hace inconfundibles
.
- ¿Con qué autor (vivo o muerto) de alguna obra que sea considerada un nuevo clásico le gustaría compartir una cena? ¿Por qué?

-Justo ahora que estoy en España, si estuviese vivo, me gustaría estar bebiendo y escuchándolo contar anécdotas y diseccionando universos a ese crack que fue Roberto Bolaño. Sin dudas, uno de los mejores escritores de los últimos años. 2666 es un ejercicio maravilloso de literatura moderna.

- ¿Qué obra actual cree que en el futuro va a ser considerada un clásico?

-El espectáculo del tiempo de Juan José Becerra es una novela impresionante. Ojalá merezca algún día ser un clásico por la exquisitez y la profundidad en cómo está narrado. En la música, pensaba también que Wos, Louta, Ca7riel y Paco Amoroso son pibes que tienen algo que no suena en la media, y tal vez con un desarrollo determinado puedan llegar a convertirse en clásico.


Eugenia Zicavo (periodista, socióloga)

- ¿Qué elementos hacen que una obra sea considerada un clásico?

- Los “clásicos” son libros que pasan la prueba del tiempo y siguen siendo leídos por distintas generaciones de lectores. En lo personal, rescato lo que dice Ítalo Calvino en "Por qué leer los clásicos": “Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a vos mismo en relación y quizás en contraste con él”.

- ¿En qué se diferencian los clásicos antiguos de los más contemporáneos?

- Los "clásicos antiguos" son los que consolidaron su fama a lo largo de distintas épocas y diferentes culturas. Los que siguen cosechando reediciones y nuevos lectores en todo el mundo. Generan un respeto especial que, por un lado, fomenta su lectura y por el otro les juega en contra: muchos los asocian erróneamente con un consumo erudito o incluso aburrido que provoca la pereza de "hacer el esfuerzo" (y también la vergüenza por no haberlos leído, y la consecuente mentira de que sí los leyeron). Los clásicos contemporáneos son en algún sentido "menos clásicos" y aún guardan una mayor cercanía de época con sus lectores, que en el imaginario social se vuelven más accesibles.

- ¿Cuáles son sus nuevos clásicos preferidos?

- Entre mis "nuevos clásicos" preferidos del siglo XX: "Lolita" de Nabokov, "A sangre fría" de Capote, "1984" de Orwell, "Matadero 5" de Vonnegut y "El segundo sexo" de De Beauvoir.

- ¿Con qué autor (vivo o muerto) de alguna obra que sea considerada un nuevo clásico le gustaría compartir una cena? ¿Por qué?

- Me encantaría compartir una cena con Kurt Vonnegut, un hombre de muchas vidas, con un talento descomunal y un sentido del humor exquisito. Creo que sería un excelente compañero de copas.

- ¿Qué obra actual cree que en el futuro va a ser considerada un clásico?

- Ojalá toda la obra de Alessandro Baricco y de Philip Roth.


Antonio Birabent (músico, actor)

¿Qué elementos hacen que una obra sea considerada un clásico?

-En gran medida la promoción que esa obra tenga. Y también algo inexplicable, misterioso.

-¿En qué se diferencian los clásicos antiguos de los más contemporáneos?

-Simplemente en el efecto que produce el paso del tiempo.

-¿Cuáles son sus nuevos clásicos preferidos?

-Disfruto de la música sin pensarla tanto. Entiendo que la condición de clásico es muy personal y cambiante al mismo tiempo.

-¿Con qué autor (vivo o muerto) de alguna obra que sea considerada un nuevo clásico le gustaría compartir una cena? ¿Por qué?

-Aníbal Troilo. Su obra es una identidad de esta ciudad y anhelo esa época que describe.

¿Qué obra actual cree que en el futuro va a ser considerada un clásico?

-Prefiero no saberlo.

Publicada originalmente en Revista Quid.


Entrevista a Félix Bruzzone: Narrar la ausencia



Nando Varela Pagliaro

“Me parece que, en lo que respecta al tema de padres desaparecidos, siempre trabajé más con la ausencia que con los hechos. Un poco ir sobre la zona de Campo de Mayo, sobre ese espacio sombrío, casi vedado, es algo nuevo para la literatura”. El que habla es Félix Bruzzone. Con él nos juntamos una tarde fría de agosto, en el departamento que usa para dictar sus talleres en el barrio de Palermo. El motivo del encuentro fue la reciente publicación de Campo de Mayo, una novela que se construye alrededor de Fleje, un hombre que corre descalzo, que no se detiene, que atraviesa la guarnición militar más grande del país y va en busca de identidad, de su madre, que al igual que la del escritor, fue desaparecida por la dictadura.

-¿Cómo surgió la idea del libro?

-Empieza a haber una idea de libro cuando en mi vida pasa algo muy parecido a lo que le pasa a Fleje, que es esto de mudarse a vivir cerca de Campo de Mayo y a enterarme que ahí estuvo detenida mi vieja. Esto era y una suposición que existía, dadas las características de su militancia, la zona en que militaba, lo que se sabe de cómo fue la persecución durante esa época, pero no estaba confirmado. Se confirmó recién al poco tiempo de mudarme. A partir de ahí empieza a formarse algo que tiene que ver con una idea de cómo uno se acerca o se aleja de sus propios tópicos. En mi caso, sería el problema de dónde vengo, mi identidad. Por otra parte, empiezo a registrar que todos mis parientes que se fueron mudando a provincia, se mudaron alrededor de Campo de Mayo.

-¿Vos cómo llegaste a vivir cerca de ahí, fue una casualidad?

-En esa época yo limpiaba piletas por esa zona y se me hacía engorroso tener que ir y venir de capital todos los días para resolver cualquier problema. No llegué tan de casualidad, mi mujer, que es prima segunda mía, hasta que se casó conmigo vivía en Don Torcuato, que es más o menos la misma zona.

-Durante el proceso de escritura, ¿qué libros estaban en tu mesa de trabajo?

- Hay uno que fue central durante el proceso de escritura que fue Morirás lejos de José Emilio Pacheco. En su caso, toma algo que es muy extenso, toda la historia y las persecuciones que el pueblo judío fue teniendo a lo largo de los años y lo condensa en una situación que narra una y otra vez en una escena que se da en una plaza del DF. Después, es muy interesante cómo incorpora un montón de materiales distintos para armar toda la novela. Además, es una novela muy corta, hecha de fragmentos. Campo de Mayo tenía ese horizonte, después se transformó en otra cosa. Aunque se bien no deja de ser una novela fragmentaria e incorpora materiales al tun tun, también es muy lineal. Es muy raro que yo no escriba algo linealmente.

-En esa narración lineal que mencionás, ¿ya tenías el final antes de sentarte a escribir o fuiste encontrando la estructura del libro a medida que avanzabas con la escritura?

-Tenía una imagen del final, pero no lo tenía del todo claro. De hecho, el libro fue cambiando mucho en todo el proceso. Fleje no se llamaba así, sino que su nombre era El corredor. Lo que quedó en el libro es uno de los posibles finales. Quería que algo sucediera con la madre, pero no sabía bien qué. En algún punto, también quería que la novela fuera algo experimental.

-¿Tenías otro finales posibles?

-Sí tenía, pero me los olvidé. Había muchas opciones porque es una novela en la que podía pasar casi cualquier cosa.

-¿Por qué se te ocurrió que el personaje debía ser un corredor?

-Porque en la época en la que empecé trabajar sobre lo que pasaba con los vecinos de Campo de Mayo, a la par también empecé a correr. Leí el libro que lee Fleje que es Nacidos para correr y me motivó mucho a incursionar en ser un ultramaratonista.

¿Te hubiera gustado ser ultramaratonista?

-Tenía esa idea en ese momento, esa fantasía. La realidad es que esa fantasía me llevó más a escribir la novela que a correr. Finalmente, empecé a correr, pero al poco tiempo me lastimé un menisco y preferí no arreglármelo porque tampoco es que me molestaba tanto, pero sí tuve que dejar de correr. Tal vez, el personaje de Fleje viene a suplir esa imposibilidad física mía.

-Antes hablábamos del final, que es realmente muy polémico. ¿Te preocupa la lectura que puedan hacer de este libro otros hijos de desaparecidos?

-En este momento me preocupa todo mucho, pero eso no va a impedir que escriba lo que tenga ganas de escribir. La verdad es que yo tampoco tengo tan claro qué sentido arma todo finalmente. Tal vez arme más de un sentido, así que cada uno lea lo que quiera. Puede que alguien se enoje, pero creo que eso es normal. Lo peor que le puede pasar a cualquier obra que uno hace es que a todos les parezca bien. Tampoco me preocupa tanto porque lo que yo siempre hago es trabajar sobre las zonas inconscientes de todos estos problemas que aparecen en mis novelas. Me parece que el hecho de poner el foco en un lugar como Campo de Mayo habla bastante de algo que no ha aparecido tanto. Me parece que, en mi caso, en lo que respecta al tema de padres desaparecidos, siempre trabajé más con la ausencia que con los hechos. Un poco ir sobre la zona de Campo de Mayo, sobre ese espacio sombrío, como vedado, es algo nuevo para la literatura.

-Hace un tiempo lo entrevisté a Mempo Giardinelli y él me decía que en nuestra literatura  hay muchas novelas que abordan el tema de la dictadura, sin embargo, no hay lugar en la ficción para personajes como Videla o Astiz, ¿por qué creés que pasa esto?

-No tengo registro de si hay o no, la verdad no sabría decirte por qué es así.

-Mempo decía algo así como “ni si quiera les vamos a dar ese privilegio”.

-Esa es una actitud muy militante. A mí me parece que si alguien tuviera el deseo de hacerlo, que lo haga. Yo no tengo ganas de hacerlo y por eso no lo hago.

-En tu novela hay un personaje que quiere juntar tierra de Campo de Mayo y venderla dentro de tubos de ensayo como una especie souvenir de un lugar emblemático de la dictadura. Algo similar a lo que se hace en Berlín con el Muro. ¿Por qué creés que acá no se hacen este tipo de cosas?

- Acá hay un gran respeto por todo eso. Hace poco estaba intentando chequear si existía algún trabajo donde se tome el Nunca Más como material de estudio literario y no pude encontrar nada. Creo que hay una novela de Charlie Feiling que toma algunos fragmentos, pero no mucho más. Tal vez si acá la gente harta hubiera roto a pedazos la ESMA como hicieron los alemanes con el muro, podría haberse dado esa situación.

-Para terminar, ya hace más de diez años que publicaste tu primer libro, ¿qué sentís que aprendiste en todos estos años como escritor?

-Aprendí a escribir y sigo aprendiendo, aprendí bastante de mí, aprendí todo lo que fue cayendo dentro de mi escritura, desde la información de datos duros a cosas más intangibles relativas a los personajes. También aprendí a enseñar a escribir. A diferencia de muchos escritores que valoran mucho más la lectura que la escritura, porque ese sería el lugar del aprendizaje, yo en cambio necesito de la escritura para terminar de entender lo que leo. Por eso leo poco y escribo más de lo que leo.

-¿Te proponés leer una cantidad de libros al año?

-Siempre que me lo propuse, fracasé.

- ¿Y en términos de escritura?

-También fracasé.

-¿Pero tenés una rutina aramada o un objetivo diario de escritura?

-Alguna vez me lo propuse, pero nunca lo logré y las veces que lo logré el resultado no fue bueno.

-¿Seguís limpiando piletas?

- Sí, los viernes.

-¿Qué aprendiste limpiando piletas más allá de lo obvio?

-Aprendí un oficio que por momentos me parece fascinante y también aprendí a pensar mucho. El espacio de la pileta, la repetición, me habilitó un montón de cosas del orden de la reflexión. Limpiando piletas fui encontrando algunas respuestas que me han servido bastante.

-¿Como cuáles respuestas?

-Por ejemplo, cuando estoy frente al agua, por un lado, odio estar ahí por el sol, porque a veces estoy cansado, porque no me pagan bien, pero, por otro, sigo haciéndolo hace muchos años. ¿Por qué sigo? Porque más allá del dinero hay algo que me atrapa. Entonces, me pregunto ¿qué es el agua para mí? Me parece que hay algo de las fantasías que uno tiene y no realiza, que están como en el agua, en ese lugar que siempre se va, que se escapa de las manos. Alguna vez también pensé ¿y si el agua fuera mi vieja? Yo estoy yendo todos los días ocho veces a ver a mi vieja. Después, un chabón que estaba haciendo una especie de documental, cuando le cuento esto me dice: “claro, y fijate que la manguera azul que usás para conectar a la bomba es como un cordón umbilical”. Eso no lo había pensado. Y el ruidito de la bomba, qué es ese ruido. No sé es muy raro, porque uno piensa que es un trabajo alienante, pero tal vez es al revés.

Publicada originalmente en Revista Quid.