martes, 16 de agosto de 2011

Noticias de la muerte



Por Reynaldo Sietecase



Se murió un ex compañero de la escuela. Me lo comunicaron con un mensaje de texto simple y directo: se murió Marcelo Costa. Fue justo en el momento en que estábamos organizando un encuentro de condiscípulos. Uno de esos ritos en los que con aire jocoso y fraterno recordamos lo que fuimos cuando el mundo era nuestro y la muerte apenas una palabra.

Se murió Marcelo Costa. No era mi amigo, pero la noticia me provocó una inexplicable congoja. Era uno de los más estudiosos del curso. La última vez que nos vimos, me enteré de que lo habían nombrado juez en una localidad cercana a Rosario. Estaba un poco gordo pero recuerdo que se reía de eso. Me contó que el techo de su juzgado tenía humedad, que le faltaba gente y sobraban expedientes y que, a pesar de las dificultades, le gustaba lo que hacía. Parecía el mismo chico del cole. Aplicado, correcto, un poco olfa.

Desde hace unos días me pregunto por qué la noticia me causó tanta tristeza. Más allá de aquel encuentro de ex compañeros con Marcelo Costa no mantenía ninguna relación. Además, siempre pienso que estoy bastante armado ante la tragedia. Tengo cierta experiencia. Perdí a mi madre siendo adolescente, luego a mi padre y un par de mis amigos se fueron de copas sin avisar y nunca más volvieron. Pero algo me pasó con la noticia.

¿Será la idea de la propia finitud? Creo que era Bioy Casares quien decía que ochenta años era muy poco tiempo para todas las cosas que quería hacer y lamentaba que la vida y la pasión fueran demasiado cortas. Murió a los 84. Al igual que su amigo Borges, el escritor argentino más elegante pretendía ochocientos años de vida aunque era consciente de que a los setecientos noventa y nueve querría pedir ochenta más.

Por las dudas, si alguien de allá arriba está tomando la lección no pienso levantar la mano. En la escuela casi nunca lo hacía, ni siquiera cuando estudiaba. Ahora que lo pienso, tal vez fue eso: Costa siempre estaba dispuesto a pasar al frente.

La muerte es un misterio. Es algo extraño porque si bien varias culturas la tienen como su centro, los vivos no saben nada de nada. Sólo se conoce lo que se ha perdido. El dolor que provoca la ausencia del ser querido. Después viene la resignación. Y más tarde, si persiste el amor, el recuerdo. Eso es lo que de verdad se conoce. Lo demás es pura imaginación. Nadie vuelve para contarlo. Ni siquiera Víctor Sueiro. Cuando el hombre tomó conciencia de ese abismo, se disparó la fantasía del regreso posible.

La literatura visitó el tema hasta el cansancio. Para las religiones no hay nada que discutir: hay otra vida con premios y castigos. Lo que se dice una promesa asegurada. En mi caso trato de reemplazar mi poca fe por un deseo poderoso. Ojalá sea como dicen. Ojalá volvamos a vernos.

A pesar de mis reparos, visito a mis muertos. No voy tanto como mi padre querría, pero voy. Tampoco estoy seguro de que estén allí los que están allí, pero voy. Es un punto de referencia. Mi padre está en un cementerio tipo jardín, cerca del aeropuerto de Fisherton. Un lindo lugar con árboles que él no puede apreciar. Le llevo flores y coñac para hacer más amable nuestra conversación. Lo extraño.

Mi madre y mis abuelos están en el cementerio El Salvador de Rosario, en el Parque de la Independencia. El lugar es un amasijo arquitectónico que contiene algunas esculturas del genial Lucio Fontana. En la actualidad está siendo intervenido artísticamente por otro talento rosarino, Dante Taparelli, quien intenta poner belleza y memoria en acción donde sólo hay cemento gris y frío. Levantó una gran pared con las fotos de las lápidas que quedaron en el abandono. Es un friso repleto de miradas que ya no miran nada.

Cada vez que paso frente a esa pared me gustaría gritar que no tengo nada que ver con la muerte. Pero sería en vano. Por eso me limito a saludar con un movimiento de la mano. Después voy en busca de la tumba de Nilda Gladis Deni para dejar unas flores, en lo posible amarillas. Ante su silencio impasible y mis dificultades para rezar, siempre descubro lo mismo: mi mamá era linda, muy linda.

martes, 9 de agosto de 2011

El faro



Viento y sal,

sol de atardecer,

luz fugaz,

sueños que hacen pie.



Un faro en el mar,

en la noche sin red,

un faro y un haz,

que gira para ver.



Claridad,

nuevo amanecr,

despertar,

silenciosa sed.



Un faro en el mar,

que espera anochecer,

un faro y un haz,

que guía al timonel.



Cabo Polonio 25/01/07

sábado, 6 de agosto de 2011

Leer y escribir


“Esta mañana vi, en un banco del Parque Intercomunal, a una mujer leyendo. Me senté enfrente para verle la cara y fue imposible. El libro absorbía su mirada y por momentos creí que ella lo sabía. Que alzar el libro de esa manera – a la estricta altura de los ojos, con ambas manos, con los codos apoyados en una mesa imaginaria – era su forma de esconderse.
Vi su frente blanca y el pelo casi rubio, pero nunca sus ojos. El libro era su antifaz, su preciada máscara.
Sus dedos largos sostenían el libro como ramas delgadas y vigorosas. Me acerqué en un momento lo bastante como para mirar incluso sus uñas cortadas sin rigor, como si acabara de comérselas.
Estoy seguro de que sentía mi presencia, pero no bajó el libro. Siguió sosteniéndolo como quien sostiene la mirada.
Leer es cubrirse la cara, pensé.
Leer es cubrirse la cara. Y escribir es mostrarla”.
Alejandro Zambra.

viernes, 5 de agosto de 2011

Impreso en Argentina

No todo es Tinelli, Rial y Chiche Gelblung, en la tele también hay cosas que valen la pena. Impreso en Argentina,el programa de Pedro Mairal en Canal Encuentro es un buen ejemplo. Acá pueden ver on line el capítulo en el que Fabián Casas, Silvia Iparraguirre y Anibal Jarkowsky hablan de Rayuela.
Los que tienen cable, pueden verlo los miércoles a las 18:30 o en las repeticiones: Jueves 14:30, Viernes 10:00, Sábados 09:00.
En los próximos capítulos abordarán la lectura de los siguientes libros:
Capítulo 6.- Misteriosa Buenos Aires
Capítulo 7.- Cuentos de amor de locura y de muerte
Capítulo 8.- La Furia
Capítulo 9.- El Entenado
Capítulo 10.- Adán Buenosayres
Capítulo 11: Los Pichiciegos
Capítulo 12.- El túnel
Capítulo 13.- Boquitas pintadas

miércoles, 3 de agosto de 2011

Fuera de mí mismo


"Hoy me desperté con una marcada sensación de disgusto conmigo mismo. Ese disgusto tiene que ver, según he podido percibir, con el hecho de llevar ya demasiado tiempo -demasiados años- viviendo fuera de mí mismo, ocupándome de cosas que suceden fuera de manera exclusiva. Y, de todos modos, cuando en algunas oportunidades he logrado llevar la mirada hacia dentro, no me he conectado con las partes más sustanciales de mí mismo, sino con los aspectos más triviales, "subconscientes". ¿Qué se ha hecho de mi alma? ¿Por dónde andará? Hace un rato le decía a Alicia que me sentía mal porque hace mucho no me conecto con la eternidad. Esto quiere decir que percibo las cosas superficialmente, que no tengo vivencias, que estoy apartado del Ser Interior; demasiado apartado, y sin tener la menor noción de los caminos posibles para acercarme. No importa qué es lo que se está viviendo cuando uno está apartado de sí mismo, todo carece igualmente de peso, todo transcurre sin dejar ninguna huella memorable.
La causa de todo esto no está, como a menudo tiendo a creer, en los reclamos del mundo exterior, sino en mi apego, o mi compromiso, con estos reclamos".
Mario Levrero

martes, 2 de agosto de 2011

Hijos en Ranchos

Agua de mar


Agua de mar,
luz mortecina,
poetas que se van,
olas suicidas.

Agua de mar,
barcos de arena y sal,
agua de mar,
cenizas de coral.

Agua de mar,
en sus pupilas,
recuerdos de cristal
que se hacen trizas.

Agua de mar,
crepúsculo estival,
agua de mar,
delfines que se van

Agua de mar,
algas dormidas,
miradas que se cruzan
y se esquivan.

Agua de mar,
espuma, yodo y sal,
agua de mar,
castillos sin final.

Agua de mar,
playas vacías,
amores que se quedan
en la orilla.

Agua de mar,
heridas sin cerrar,
agua de mar,
sirenas que se van.

lunes, 25 de julio de 2011

Con Hijos en "El Barco"


Acá, más fotos.

El Príncipe

Hace unos días que no me puedo sacar una canción de la cabeza. El tema en cuestión se llama “Cómo que no”, el autor es Gustavo Pena Casanova, más conocido como El Príncipe, un músico de culto uruguayo que falleció hace unos siete años. Tras su muerte, su hija se convirtió en la principal difusora de la obra de su padre. Gracias a ella, muchas de las originales canciones del Príncipe fueron rescatadas del olvido con la autoridad genética y artística que le da su voz.
Los que quieran seguir investigando más acerca de la obra y la vida del Príncipe, les recomiendo que vean el documental "La Cocina" de Willy Villalobos.
Abajo, les dejo la primera parte de la película que casualmente incluye una versión de "Cómo que no".

martes, 19 de julio de 2011

Hijos en Tirana

Mañana a las 23 hs. nos vamos a presentar en Tirana Resto-Bar, Rivadavia 250 (Escobar).Los esperamos.

domingo, 10 de julio de 2011

Facundo Cabral

El sábado me desperté con la noticia de su muerte. Todavía no lo puedo creer. Si bien nunca fui un fanático suyo, reconozco que tenía algo que me atrapó desde muy chico. Su vida tuvo un final tan trágico y gradilocuente como muchas de las historias que solía contar. Quedará en la memoria de todos y en el corazón de otros tantos por haber compuesto una hermosísima canción. Quizás, sólo con eso ya haya justificado su paso por esta tierra. Para recordarlo, les dejo un video con uno de sus tantos monólogos.

sábado, 2 de julio de 2011

Hijos en la tele

Amigos, les dejo un videíto con una pequeña entrevista y algunos de los temas que estuvimos haciendo en el Escenario Rock del Ecunhi.
Si quieren seguir viendo, acá hay más videos.

lunes, 27 de junio de 2011

La arquitectura de la mentira


"Creo que para ser autobiográfico hay que agregar muchísima ficción. El riesgo que se corre es muy grande. Si quiero transmitir un dolor profundo y te cuento tal cual fueron los acontecimientos, no funciona. Pero si le agrego una escena de ficción, como la de la mujer de las uvas al principio de la novela, armo con esa arquitectura de la mentira una verdad que siento en el corazón y así es más probable que logre transmitir lo que quiero.
Creo que como escritor hay que ser honesto con lo que uno está escribiendo. Escribir sobre mi vida no significó decir la verdad sobre mi mamá, la verdad sobre mí, que por otro lado no existe. Uno va a contar una historia y tiene una sensación de esa historia. Si por temor o por cobardía no hace todo lo que tiene que hacer para intentar comunicar y compartir esa sensación, falla. Y la honestidad radica en que cada escena sea puesta por una necesidad de la historia. No hay ningún otro motivo para que algo esté ahí. A mí me interesa mucho rozar el lugar común como lugar estético. Tal vez sea más fácil esquivar esa mención a lo sentimental, pero yo prefiero arriesgar ese roce con el lugar común, con mi intuición como única herramienta y creo que a veces me sale".
Pablo Ramos

viernes, 24 de junio de 2011

Madres e hijos


Por Martín Kohan
“Primero mató a la madre, y ahora mató a las Madres.” La sonora declaración de prensa pertenece a Eduardo Duhalde y hace referencia, claro está, a Sergio Schoklender. No hay motivos para negar que la frase es bastante sugestiva. Por lo visto, a Duhalde se le dan realmente bien las frases con juegos de repetición verbal, del tipo de aquella otra que en su hora también pronunciara: “El que puso dólares va a recibir dólares”. No obstante esto que dijo hace días sobre Schoklender, al igual que aquello que dijo sobre los ahorros, es falso en un sentido cabal. Que Schoklender mató a su madre es cierto: está probado ante la Justicia. Pero no está probado ante la historia que haya matado a las Madres con su desfalco de maniobras turbias. Nuestro ex presidente interino se apuró con su veredicto, o expresó no tanto un parecer como una intuición o un temor o un deseo.
Más verdadera, en todo caso, creo yo, es la frase que entregó Elisa Carrió: “De qué vale decir que son de izquierda, si andan en Ferrari”. Admito que por lo común me cuesta congeniar con lo que dice Lilita: presiento que me iría mejor accediendo al remolino de sus trances místicos o creyendo en ese Dios que ella invoca y con el que cuenta. Como no me sucede jamás ni una cosa ni la otra, suelo quedarme bastante afuera de lo que formula, contemplando un tanto absorto su ferviente pasión por la verdad, un poco como si esa verdad fuese dicha en otro idioma, un idioma que no hablo. Sin embargo, en este caso, leí sus palabras en el diario, reponiendo sobre la impresión gráfica la gracia de sus entonaciones irónicas. Y me dejé persuadir por su cáustico argumento. En efecto, me dije: de qué vale decir que son de izquierda, si andan en Ferrari.
Por supuesto que no mezclo izquierda con franciscanismo, ni supongo que para sostener esta clase de ideología deba hacerse ningún voto de pobreza. Es tramposo presumir que hay en la izquierda algún gusto por la miseria o que el reparto de la nada forma parte de sus plataformas. Todo eso es erróneo en su concepto, si es que no un ejercicio de la mala fe; pero puede pese a eso decirse que es verdad que un cierto recelo respecto de lo suntuoso forma parte de su sensibilidad. El lujo como tal, lo grosero de la opulencia, lastima el temperamento de izquierda: es un sello de injusticia en un mundo de explotación que produce desigualdades intolerables.
Dicho con otras palabras, y de forma más concreta: cabe desconfiar por definición de quien tenga una Ferrari. Y si además de la Ferrari tiene un yate, y si además del yate tiene un avión, tanto más. Sin que importe demasiado dirimir si adquirió tales bienes sin visos de ilegalidad, lo que además no parece ser el caso, porque la legalidad en última instancia no aliviana la ilegitimidad del origen de toda gran riqueza. Es decir que incluso no habiendo dolo, y además parece haberlo habido, habría sido mejor desconfiar de un apoderado tan poderoso: no gustar de una persona que guarda Ferraris en su garage.
¿Desdibuja esta situación el lugar histórico de las Madres de Plaza de Mayo? Al contrario, lo fortalece. ¿Ha matado Schoklender a las Madres, como ha dicho Eduardo Duhalde? Al contrario, las vivifica. Porque las Madres no son madres sin más: son madres de hijos que faltan. Y faltan por las razones que ya sabemos: porque formaron parte de un proyecto de transformación social que fue vencido con los más feroces recursos, con los más terribles métodos. Las Madres son madres de esa falta y de esa ausencia. Y esa falta y esa ausencia tienen bastante que ver, a la vez, con que perdure la indignidad de un mundo con hambre y con miseria y también con Ferraris y con yates.
¿Pudo acaso suscitar Sergio Schoklender algún tipo de figuración imaginaria de una especie de filialidad restablecida? Según parece, así sucedió. Vino a paliar, como entenado, a la par de su hermano Pablo, la vacancia de los hijos que hace años se perdieron. Sus mentiras de estafador no dejan de subrayar una verdad de la historia política: que esos hijos no se perdieron por nada. Su Ferrari, su yate, su avión confirman por la negativa, desde su abyección fraudulenta, el sentido histórico de las Madres de Plaza de Mayo: lo que hizo que aquellas madres fuesen las Madres. Porque están fundadas sobre una falta, porque están fundadas sobre un lugar vacante. Y lo que vino a demostrar Sergio Schoklender, así fuese de manera miserable, es que el lugar de aquellos hijos, los que faltan, no se ocupa con facilidad, ni tampoco cuando uno quiere.

jueves, 23 de junio de 2011

Mañana en el programa de las Madres

Mañana, de 23 a 24 horas, en "La Clementina", van a pasar algún fragmento de lo que estuvimos haciendo el jueves pasado en el Ecunhi." La Clementina" es el ciclo de la Asocición Madres de Plaza de Mayo, que se emite por CN23, conducido por Hebe de Bonafini y Teresa Parodi. CN23 se puede sintonizar por disitintos sistemas de cable (canal 9 de Telecentro, canal 271 de DirecTV, canal 10 de Antina) y también por Internet en www.cn23.tv . A partir del lunes, además, el programa podrá verse por la televisión virtual de las Madres.